Veo un titular con una imagen del tenista Nadal que dice “Enhorabuena, has demostrado que cuando se lucha por algo, se consigue”. Luego los que perdieron no lucharon, se entiende.
No deja de extrañarme hasta qué punto tenemos fe en la sociedad competitiva. Sin embargo, ganador no hay más que uno, aunque depende de lo que se quiera relativizar, o de que sea un oligopolio, como los Partidos Políticos. Al final, el sentimiento de culpa siempre está rondando la existencia: da igual que seas cristiano, comunista o el más acérrimo de los individualistas, que al final siempre puedes sentirte culpable de no haber llegado a buen fin, sea este el Paraíso, el Cielo, o la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos.
Resulta que todo depende de uno. Nunca de dos, de tres o de cien mil. Lo que casa difícilmente con la competitividad, porque ¿se compite con uno o se compite contra los demás?
Siempre se puede mirar con "tolerancia" -optimismo, lo llaman-, y pensar que gracias a esa competitividad, uno siempre se supera a sí mismo, lo cual, en el ámbito en el que se compite, es verdad.
Una jugadora de la selección de baloncesto femenina decía en una ocasión que siempre le había gustado ganar. Le gustaba tanto, que siempre lo buscaba, aunque fuera haciendo trampas. Lo decía así, con inocencia, sin atisbos de la más mínima culpabilidad, divertida y orgullosa de su carácter de ganadora. Ganar es ganar. Así que eso de que las reglas se inventaron para saltárselas es una verdad radical. Básicamente, hacemos reglas porque somos unos comediantes, unos actores, que vamos de “nobles”, de “legales” y que, si estás socializado como Dios manda, sabrás casar con tu hacer oculto.
Lo que me extraña es que se diga expresamente. Ya hemos pasado de la situación en la que se simula –“hipocresía burguesa”, se decía-, a la situación en la que está claro que todo es mentira, y jugamos a ser solidarios y ambiciosos, ganadores y buenos perdedores.
domingo, 11 de octubre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
No es posible la venganza, sólo la justicia
Me llama la atención la ignorancia supina en la que vivimos los ciudadanos en este país. No tenemos ni puta idea de como funciona la Justicia, razón por la cual todo el mundo se permite "opinar" sobre el uso o no de un jurado popular.
"Confunde al atacado con el atacante; al torturado con el torturador; al asesinado con el asesino. Que duda cabe que la historia de Dachau nos la podría contar el miembro de las SS y el prisionero; la de Mylay, el teniente Calley y la madre arrodillada; la de la Universidad de Kent State, los miembros de la Guardia Nacional y los estudiantes muertos por la espalda. Pero sólo un cretino moral sostendría que todas estas historias son igual de verdaderas"El materialismo cultural, Marvin Harris. Alianza Editorial
No dejan de asombrarme aquellos que están buscando con denuedo ¡juzgar a las víctimas!, su supuesta búsqueda de "venganza en lugar de justicia" basándose en una simple frase sacada de contexto. El padre de Marta del Castillo, Antonio, manifestó su agrado porque haya un jurado popular. Evidentemente, sólo es una creencia suponer que ello contribuirá a que se haga justicia o no. En todo caso, una frase que se le atribuye es que no sabe si la sentencia será o no más justa. Así de simple: ¡no sabe! Pues agarrándose a esta frase, un individuo del que no sabemos nada -¿es un psicópata, es interesado?...- manifiesta que de aquí se deduce claramente que el padre de Marta "no quiere justicia sino venganza".
No tiene este hombre y los allegados de la víctima bastante sufrimiento con lo que ciertos individuos les hacen padecer, sino que hay una clase de individuos que en aras de una aparente independencia sobrehumana -que oculta, como buena máscara, otra cosa-, lo que hacen es observar con lupa, bajo una ¡teoría de la sospecha hacia las víctimas!, -una especie de presunción de culpabilidad-, cada manifestación del entorno de éstas, y se resalta fuera de todo contexto lo que digan. Siempre bajo la sospecha de la búsqueda de venganza. Literalmente, actúan como si fueran abogados al servicio del imputado, es decir, del atacante, aunque sea acostumbrado expresarlo desde el punto de vista de estos últimos, bajo la denominación de "defensores". ¿Pero no cuentan ya con toda clase de ayuda en ese sentido? Bien claro es que hay una proyección de alguna clase de resentimiento bajo la vitola de un sentido de la justicia cuasi divino.
Es bien claro que los asesinos y adláteres utilizan con facilidad esta actitud de una supuesta máxima observancia de garantías jurídicas, incluyendo el "derecho a mentir", no penando ni a priori ni a posteriori la absoluta falta de colaboración con la justicia.
Los únicos que no desean hacer ninguna clase de justicia son los implicados en el crimen y parte de sus allegados. Los demás, con mejor o peor tino, buscan alguna clase de justicia, nunca de venganza.
Apelar a una supuesta "objetividad" de los profesionales y una supuesta "subjetividad" del jurado, que muchos describen como "populacho" -el mismo que va a votar- es una forma clara de manifestar que todo el mundo es un borrego, salvo los profesionales, claro.
Lo cierto es que sobre la mayoría de los crímenes, saben más algunos allegados que todas las autoridades juntas. De hecho, en delitos complejos, la policía sin esos allegados, bajo el nombre de "confidentes", sería ciega, idiota, como ustedes quieran calificarla.
Hay en la justicia y sus profesionales y seguidores -estudiantes, futuros profesionales...- una inmensa soberbia, un inmenso complejo de superioridad moral y material que, bien adoctrinados desde afuera, y bien condicionados desde sus propias motivaciones, les permite pasar por encima de todos los demás, que siempre serán "populacho".
La institución del jurado existe, y es legal. ¿Buena, mala? No sé, pero estar prejuiciando ya su influencia es una buena prueba de que el "juicio paralelo" es una necesidad vital que manifiestan quienes lo critican -ya están haciendo otro juicio paralelo-.
Es impresionante la cantidad de información que se pierde, o mejor dicho, se desdeña con soberbia -que suele ocultar otras motivaciones-, de personas cercanas al suceso por el mero hecho de incluirlo en el "populacho", por considerarlos, a priori, pre-juzgadores. ¿Quiénes tienen más prejuicios?
Muchos ciudadanos, imbuidos de una soberbia inmensa, y dejando aparte los que puedan tener rasgos psicopáticos u otro tipo de variación caracterológica más o menos pestilente, no hacen más que enjuiciar a las víctimas como buscadoras de "venganza". Una muestra de la confusión entre atacante y atacado. El relativismo a ultranza. Una muestra de que la presunción de inocencia sólo se utiliza para garante del atacante, nunca del atacado, que sin duda es la víctima.
En el ámbito judicial, que es el único que está en juego por razones obvias, nadie puede hacer venganza: simplemente, no es una opción. Sólo lo es para los criminales cuyos derechos tanto "preocupan". Venganza supondría hacerle al delincuente lo mismo que él ha hecho a la víctima. Hablar de "venganza" en el ámbito judicial es un insulto a las personas inteligentes, y sobre todo a las personas honradas, íntegras, decentes. Ninguno de estos asesinos recibirá, desde la ley, venganza, ninguno. Será la pena más o menos justa, o tal vez absolutamente injusta y una auténtica burla para la víctima, pero nunca será venganza, nunca se les negará lo que ellos le han negado con todo el cinismo a la víctima. Nunca se les negará lo que ellos les han negado a los allegados de la víctima, que SIEMPRE llevarán el dolor y la humillación de ser injustamente tratados. Los imputados tendrán la oportunidad de reírse. Y caso de una "victoria", será la risa más triste y diabólica que quepa imaginar. Una risa que, por otra parte, es habitual en cierta clase de individuos.
Aquí no hay un juicio paralelo, hay varias vías paralelas, algunas apuestan por una exacerbación de las garantías de los imputados. Unos individuos que podrían haber ayudado a disminuir el sufrimiento de las víctimas, pero que como es habitual no les ha importado absolutamente nada con tal de beneficiarse. Claro que en esto hay una sospechosa empatía con los criminales: se considera lógico. ¿Y la sociedad tiene que considerarlo "lógico"? No todo el mundo piensa igual, a veces, la penitencia la busca uno mismo. A esto se le llama integridad, virtud en extinción, aunque ya la palabra "virtud" resulta arcaica. Si este tipo de criminales tuvieran una sola pizca de valor, se habrían terminado toda suerte de juicios paralelos. Son ellos los que los generan, no las víctimas, ni los medios. Son los atacantes y nuestra estupidez.
Esta es una sociedad de psicópatas, por y para ellos. Maquiavélicos, egoístas, narcisistas, indiferentes al sufrimiento causado, cuando no placer. Claro que los beneficios profesionales conforman un placer compensatorio.
En lugar de esa continua cantinela de "los medios" como generadores de juicios paralelos, podría ser útil preguntarse si no será que cubren -malamente, inapropiadamente, y con oportunismo- una necesidad de justicia que no cumplen quienes habrían de hacerlo.
Decididamente, los no psicópatas somos idiotas. Cada vez lo veo más claro. Decididamente, los psicópatas son superiores a los demás. En todo.
No hay más que ver como les seguimos el juego.
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viernes, 26 de junio de 2009
Hace ya un rato que te has ido

Alzo la vista hacia la entrada del café y te veo entrar. Te paras y tienes esa sonrisa luminosa, espléndida, feliz, esa sonrisa tuya. ¿Estaré soñando?, me digo mientras te acercas. No puedo dejar de mirarte, ¿estás o no estás? Te sientas a mi lado, inmediatamente me coges la mano y siento que es real.
—¿Qué lees? —me preguntas mirando al libro que dejé a un lado.
En silencio, con la mirada alucinada, cojo el libro lentamente sin dejar de mirarte, como un sonámbulo. Te muestro la contracubierta. Lees la reseña de Caballos desbocados.
—¡Hoy hablan de una película sobre él en El País!, ¡¿vamos a verla?! —te oigo decir con ese aire tuyo de niña traviesa.
Sigo sin ser capaz de mostrar otra expresión que la de estar viendo un fantasma. Nadie alrededor parece haberse percatado. Todo indica que te veo. Entonces, mi silencio es la mejor forma de hablar, siento que me quieres decir que estás aquí, de alguna manera. Estoy ahora mismo a un paso de romper a llorar, me contengo en el límite.
Me dice que no esté triste, y me pregunto si sabe lo que está ocurriendo. Como si me leyera el pensamiento me dice con su mirada que está al corriente. Quiere que sepa que sigue aquí, de alguna manera, y que lo que me había dicho era verdad, sólo que ahora estaba aún más segura. Que siente haberme dicho aquello, aquel día. Que sabe que lo comprendo, y que ella me comprendía a mi también. Se calla y me mira escrutándome los ojos con los suyos, escrutándome hasta el alma. Se acerca y me da un beso tierno y cálido en la boca, sonríe. Se entretiene y no puedo evitar las lágrimas, pero enseguida paro. Estoy en un lugar público, y sólo yo la veo, a mi manera.
—¡Vamos al cine! —me repite.
"En otro momento", me digo tibiamente, sin dar crédito a lo que oigo. Me planteo si iré solo o acompañado. Es como si le preguntara. Me lee el pensamiento, pero no me dice nada, o yo no lo percibo. Pienso en uno de los últimos días en que la vi, la parca estaría ya haciendo sus funestos cálculos. Vimos una película en su casa. Me lo pasé muy bien, me reí, y me encantó verla bien de otra manera. Recuerdo mis destellos de preocupación cuando se agachaba colocando unos cables tras el televisor, antes de reproducir el DVD en un trasto que había comprado para poder jugar con quien presuntamente le quitaría la vida de cruel manera. "Tienes que cuidarte, Isabel", pensé, mientras veía cómo se le hinchaban las venas de la sien. "No te agaches así...", continué pensando, pero no le dije nada. Quería concentrarme en ella, disfrutando viéndola así, con serenidad, ella misma, y no la chica vapuleada y maltratada -sí, era una chica-.
Unos pocos días después, apenas una semana, aquella llamada de tu amiga debería de haber sido una simple llamada tuya, que me permitiera haber disfrutado otro poco de ti misma. Mirando el móvil, estaba comprobando varias llamadas perdidas, era extraño, y me pasó un pensamiento siniestro e indefinido. Entonces sonó de nuevo, y lo cogí apresurado, preocupado. Me dijo eso. "¡No puede ser!", pensé. "Pero tú qué me dices", dije, como si estuviera tratando de comprobar que no era un sueño, como si le recriminara a tu amiga hablar a la ligera. Seguí repitiendo esta misma frase como un mantra. "Pero tú que me dices, pero, pero tú qué me estás diciendo, pero..." Tu amiga, nerviosamente, añadió el dato del presunto... Entonces y sólo entonces me di cuenta de que no era una pesadilla. Empecé a moverme y temblar de un lado a otro. Hice una llamada rápida y, como si tuviera que exhalar el fuego me abrasara el alma, solté descontroladamente las funestas palabras a alguien a quien deberías haber conocido un día. No quisiste, te lo perdiste tú, se lo perdió ella, me lo perdí yo. Todo pérdidas.
Se desvanece tu imagen.
Quisiera no detenerme con algunos pensamientos, no siempre puedo. Te atacaron en ese estado inocente y límpido, apenas recién estrenado un nuevo fulgor vital... Tenía que someterte, apagar la estrella que cegaba sus ojos. Esa es su firma, su forma de comunicar.
Por demás, me avergüenzo de este país. Me avergüenzo de que no sea rentable actuar conforme al pensamiento, pero aún más de que por ello se cambie éste para adaptarlo a la acción. ¿Será esto socializar? Ummm. Pero no hablo ahora de esto, chiquita mía, ahora no.
Hace ya un rato que te has ido.
PD: pienso en la canción Alazán, de Athaualpa Yupanqui, que aquí dejo en una versión demasiado lánguida. Llora la pérdida de su alazán, y me parece un símbolo de tu nobleza, víctima también de la perfidia humana.
"Oscuro lazo de niebla
Te pialon junto al barranco
Cómo fue que no lo viste
Qué estrella estabas mirando"
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lunes, 25 de mayo de 2009
Experimento etológico (para reírse un poco)
Hace no sé qué tiempo, a raíz de los principios del programa Gran Hermano, había quien, por un revolverse contra la exquisita "pseudo-intelectualidad" que desdeñaba el popular programa con cierto tufillo aristocrático, decía algo así como que tenía mucho de experimento etológico. Independientemente de que las intenciones de nuestro filósofo eran bien distintas de las que han querido mostrar los fagocitantes e interesados medios de comunicación -que ciertamente lo fagocitaron también a él, don Gustavo Bueno-. Desde luego, nada más alejado de la realidad que darle carta de "experimento" —científico— a este programa. Más acertado estaba cuando decía que "es un programa de televisión". ¡Eso sí, don Gustavo!
Si bien el profesor no ha sabido explicarse, o no ha podido, que no deja de ser un hombre contra una maquinaria mediática, y si bien es cierto que muchos hemos entendido claramente lo que quería decir, y que no era esto, precisamente, un dejar bien parado a estas audiencias..., quizá estuvo nuestro filósofo demasiado preocupado por exacerbar a la "pseudo-intelectualidad" y demasiado poco interesado en aguijonear a las conciencias de durmientes que, bien es verdad, no habrá dios que las despierte, porque no es cosa de enseñar a leer inglés a un tejón, y mal habrá hombre o mujer que lo lograra.
En todo caso, mal experimento científico puede hacerse cuando los participantes saben en todo momento que están siendo grabados e incluso, en algún momento he podido verlo, le hablaban con toda desfachatez a la cámara esto es, a nuestros ojos, a modo de personaje que se dirige a su creador y observador —los observadores son también creadores de estos personajes, evidentemente—.
En el siguiente vídeo, creo entender que se trata de una especie de Cámara Indiscreta, en la que los observados no saben que están siendo grabados. Me resulta magnífica la reacción de los rostros de estos hombres ante un panorama tan alentador. Las bellísimas témporas —sí, las confundo— mostrando toda su feminidad producen unas imágenes que, estoy seguro, no me hubieran dejado a mí tampoco indiferente. El cerebro masculino completamente cazado, a merced del sexo conspicuo.
Luego me dirán que somos iguales, homes y muyeres, y demás géneros habidos y por haber.
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jueves, 21 de mayo de 2009
¡Se busca! (para salir en la foto)
"1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece."Fuente: Decálogo para formar un delincuente, de Emilio Calatayud (Juez de menores en Granada, donde acontece la noticia)
Al fondo, se sigue oyendo la letanía de rezos de consternación por la Violencia machista, las luchas sindicales de tal contra cual. Los menos favorecidos callan. El rumor de lo que van a ahorrar -rían o lloren, da igual- este año en despilfarro. Aunque para estos cargos, "funcionarios de libre designación" y demás arribista de chaqueta ágil nunca se gastará suficiente. ¡Y a callar!
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lunes, 11 de mayo de 2009
De lo normal y lo anormal: la ley del deseo
En una página de fetichismo femenino, el autor habla con una chica y le pregunta, como a todas, qué opina de la atracción o excitación por el pie femenino. La chica piensa "it's not normal". Ella es de un marcado feminismo, con aspecto algo andrógino que el autor de la página asocia, muy brevemente, con el "rechazo sufrido habiendo tenido principios de anorexia". La mujer, que accedió a dejarse fotografiar, tenía los pies algo deformados. Se entiende que según los gustos, habrá hombres a los que les produzca excitación.
La normalidad de un comportamiento es una de las características más difícil de valorar. Por ejemplo, habitualmente se ha considerado a la homosexualidad como algo anormal, como una desviación -claro, de la norma-, y aún hay profesionales de la psiquiatría que lo consideran eso, una anormalidad. A medida que la sociedad cambia, le teoría psiquiátrica se va modificando para adaptarse a la nueva situación, de igual forma que la teoría considera normal que una mujer desarrolle una vida profesional con los mismos derechos que un hombre y con libertad de acción en lo familiar mientras que, en tiempos no tan remotos, una mujer que se dirigiese por ese camino sería no muy normal. En general, se asumía que se trata de una mujer rarita que, no obstante, mientras realice acciones con aceptación social, no se estigmatizaba demasiado.
Podría decirse que hay deseos, y que estos son o no normales en función del entorno social. Hoy día se va extendiendo el deseo de formar una pareja homosexual y, al mismo tiempo, tener hijos, formando un matrimonio. El aumento del número de deseantes conllevó la aceptación del deseo como normal. En esta tesitura cabría preguntarse qué es normal y qué es anormal. Todos sabemos que depende del tipo de sociedad, pero todas tienen como fin necesario el mantenimiento de una población que perpetúe el ciclo de vida de ésta. Para ello es necesario el trabajo conjunto de la sociedad y su procreación. Economía y demografía. Supongamos que en un grupo social el ochenta y cinco por ciento de sus habitantes fueran homosexuales (masculinos o femeninos): en estas cicunstancias, la procreación se vería claramente comprometida, habría que hacer algo por puro mantenimiento, por pura supervivencia del grupo. Actualmente, la baja natalidad de los países desarrollados que cuenta, sin embargo, con grandes recursos económicos, frente a la elevada natalidad de países con escaso desarrollo, permite un movimiento de población que compensa la forma tradicional de mantener o desarrollar la población al ritmo adecuado. Entonces, claramente se observa que el patrón de normalidad está en las necesidades sociales. Lo que va en contra de éstas es anormal. Por ejemplo, un matrimonio homosexual es, por así decirlo, un auténtico lujo. De hecho sólo es posible si existe una fuente barata de niños para poder mantener la población. El matrimonio homosexual es, pues, una adaptación del deseo de una parte de los ricos a una sociedad que, por necesidades socio-económicas, puede satisfacer la demanda por esta vía. En una sociedad pobre, la homosexualidad es reprimida en mayor o menor grado, porque ese comportamiento iría en contra del bien común fundamental, que es el mantenimiento de la población.
Actualmente, en nuestra sociedad "occidental", la homosexualidad no se considera algo anormal, pero esto es así porque no se compromete el mantenimiento del grupo social al que pertenece. Incluso se puede considerar que es un bien que beneficia a los productores de niños en países pobres, a pesar de lo cual se considere escandaloso el fenómeno de las adopciones ilegales, ésta no es más que la forma de tratar de satisfacer una demanda de niños, es decir, de satisfacer el deseo de parejas homosexuales y parejas que no puedan tener hijos por razones biológicas. Los productores necesitan dinero, los pagadores necesitan niños. El resto de la población del grupo se mueve entre la indiferencia, tratada como "tolerancia" y, en menor grado, la oposición desde determinados presupuestos ideológicos, religiosos, morales. En medio estaría la inconsciencia, aunque habrá quien vea falsa conciencia.
Claramente se observa que es la infraestructura económica la que sustenta la aceptación de un deseo como bueno o como malo. O, si se prefiere, como normal o anormal.
Por cierto, comenzaba por un ejemplo fetichista. ¿Es normal la excitación a través de partes o prendas del cuerpo no necesariamente ligadas a la sexualidad? En un país subdesarrollado lo importante es que haya natalidad, por lo tanto, que haya excitación sexual que permita la reproducción en cierta medida. Con tal de mantener la natalidad, cualquier forma de excitarse puede considerarse normal. Que un número de machos elevado, incluso mayoritario, se exciten por una u otra vía, es normal siempre que ello conlleve suficiente número de relaciones sexuales ligadas a la procreación, aunque sea bajo el voluble señuelo del placer.
En un país desarrollado, los valores se trastocan por completo. El deseo de la sociedad no es ya el sustento de la población, éste es ya un hecho. Un nuevo deseo aparece en escena, puede ser el deseo de formar una familia monoparental, de padres homosexuales, etcétera.
La moral, pues, se sustenta en la necesidad de satisfacer un deseo. Lo que cambia es éste, a medida que se van satisfaciendo otros más perentorios. La forma de satisfacer el deseo es aceptada siempre que cumpla el fin social. Por eso, cuando se acepta en nuestra sociedad el deseo homosexual como equivalente al deseo matrimonial de nuestra tradición, estamos en realidad aceptando y adaptándonos de forma totalmente conservadora al estatus económico global. No hace más que perpetuar el ciclo de adaptación de un mercado de satisfacción de necesidades. Llámenle, si quieren, un efecto más de la globalización.
Mientras la moral tenga como sustento la necesidad del grupo, ésta siempre será adaptada a las nuevas situaciones, perpetuando no sólo su propio mantenimiento, sino el mantenimiento de los proveedores subdesarrollados. Para decirlo más claro: sin guerras por petróleo sería imposible mantener una sociedad que se afana en considerar bueno todo lo que satisface sus deseos, los cuales, cambian -en calidad y en cantidad- a medida que se van satisfaciendo. La inquietante conclusión es que no se puede ser progresista, en el sentido en que cierta autodenominada "izquierda" se considera a sí misma, oponiéndose a un tiempo a una política bushiana, imperialista, depredadora y al mismo tiempo hacer campaña pro derechos de homosexuales y pro derechos de cualquier grupo social que, por el mero hecho de desear algo pareciera que ya tiene base moral para sustentarlo. Defiéndanse esos derechos, pero defiendan, también, las políticas más "imperialistas", explotando los recursos naturales ilimitadamente, ahora que tanto se habla del calentamiento global y otras especies medioambientales.
No es casualidad que en un sistema esclavista, como el griego o el romano de la antigüedad tuviera gran aceptación la homosexualidad: el mantenimiento económico y democráfico se sustentaba en una política de guerra y esclavismo. Los esclavos eran, por así decir, el petróleo de ahora.Fuente: apunte casi literal de 30 de octubre de 2007, a raíz de no sé qué cosas que tal vez se deducen.
PD: Tal vez podría ilustrar este post con la imagen de sendas ministras publicitando la "píldora del día después", sin receta y sin límites de edad... Buena contribución a todo el trasiego de niños-mercancía del Tercer Mundo al Primero. Por aquí se tiran a la basura los proyectos natales, por allá nos los venden. Todo muy progresista. Ellas, sendas ministras esplendorosas de sonrisa beatífica y acomodada.
PD: Es claro que en la depredación de recursos energéticos podría incluirse la depredación infantil.
viernes, 1 de mayo de 2009
La tolerancia no es tolerancia no es tolerancia
En una organización humana -empresa, administración, partido político, asociación...- hay individuos que con vías a canalizar sus pulsiones de dominación o de propio interés, pasan por donde sea. En muchos casos, imbuidos de una buena dosis de inteligencia social, usan del interés ajeno, del egoísmo e insolidaridad de los demás, o de la simple cobardía, para abordar a una víctima por la que pudieran sentir, por ejemplo, atracción sexual (si ustedes quieren incluso "amor"). La víctima, pudiera ser que fuese difícil, esto es, una hembra con una buena dosis de integridad, con carácter y dispuesta a defender lo justo, y no lo que sería acostumbrado. Dadas las características del acosador, su lugar en la organización y la impagable ayuda de beneficiados por la situación, entre las que puede haber hembras que, puede ser, envidien a la víctima, e incluso le recomienden ceder, en lugar de su empecinada resistencia al acoso. Una juntura de eso que modernamente se ha bautizado con el nombre de mobbing y el acoso sexual más o menos enmascarado -tengamos en cuenta que, además, el psicópata pudiera estar casado, tener hijos, etc.-. Quiero decir con esto que todo mal causado por personas y mantenido en el tiempo tiene una incardinación en el grupo social. Sin éste, el psicópata no puede dar rienda suelta a sus pulsiones, y buscará otra salida o algún lugar en el que concentrar su energía destructiva o degradante, que lo que le hace sentirse especial.
Individuos egocéntricos, sin escrúpulos ni interés por el otro (piensen en psicópatas históricos, y verán que sin un grupo de apoyo no podrían haber hecho nada), que siempre necesitan colaboracionistas, voluntarios o como ustedes los quieran llamar -y entre los que ustedes se pudieran encontrar, claro (carraspeen...)-. Todos estamos, pues, implicados, por acción u omisión, y el silencio, el mirar para otro lado, el "no querer meterse en líos", la cobardía y el egoísmo en suma, o dicho en lenguaje actual, la tolerancia, nos sitúa como parte del sistema planetario del psicópata, que ocupa el lugar de un sol sobre el que gira toda la acción. Amplíen ustedes el círculo de esas organizaciones a toda la sociedad, vista como el conjunto totalizador, y verán que no tomar partido supone cooperar, formar parte de la ejecución del mal. Nos sitúa como cooperantes frente a la víctima, que estará cada vez más aislada y hundida.
Visto así, las estructuras legales de esta Sociedad son consecuencia natural de una herencia de pastores que saben que, efectivamente, todos somos parte. Por supuesto, ellos en la cúspide de la pirámide alimenticia, claro.
Agreguen ustedes cuán similar pudiera ser el patrón de personalidad psicopática con el del triunfador social, y podrán ir incluso más allá y ver, en una perspectiva darwinista, cómo los que quedan, los reyes, los jefes de la tribu serán, justamente, los que exterminaron al resto de, para ellos, competidores, que por lógica elemental se quedarán fuera.
No me engañen: el destilado que queda procede de lo más inconfesable, y por eso cuenta con tanta colaboración muda, sierva de su amo.
Individuos egocéntricos, sin escrúpulos ni interés por el otro (piensen en psicópatas históricos, y verán que sin un grupo de apoyo no podrían haber hecho nada), que siempre necesitan colaboracionistas, voluntarios o como ustedes los quieran llamar -y entre los que ustedes se pudieran encontrar, claro (carraspeen...)-. Todos estamos, pues, implicados, por acción u omisión, y el silencio, el mirar para otro lado, el "no querer meterse en líos", la cobardía y el egoísmo en suma, o dicho en lenguaje actual, la tolerancia, nos sitúa como parte del sistema planetario del psicópata, que ocupa el lugar de un sol sobre el que gira toda la acción. Amplíen ustedes el círculo de esas organizaciones a toda la sociedad, vista como el conjunto totalizador, y verán que no tomar partido supone cooperar, formar parte de la ejecución del mal. Nos sitúa como cooperantes frente a la víctima, que estará cada vez más aislada y hundida.
Visto así, las estructuras legales de esta Sociedad son consecuencia natural de una herencia de pastores que saben que, efectivamente, todos somos parte. Por supuesto, ellos en la cúspide de la pirámide alimenticia, claro.
Agreguen ustedes cuán similar pudiera ser el patrón de personalidad psicopática con el del triunfador social, y podrán ir incluso más allá y ver, en una perspectiva darwinista, cómo los que quedan, los reyes, los jefes de la tribu serán, justamente, los que exterminaron al resto de, para ellos, competidores, que por lógica elemental se quedarán fuera.
No me engañen: el destilado que queda procede de lo más inconfesable, y por eso cuenta con tanta colaboración muda, sierva de su amo.
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