domingo, 15 de noviembre de 2009

Antropología y construcción de género

Veo uno de esos folletos que fomentan la llamada Ideología de género, a modo de Catecismo postmoderno. Muy pronto entran en la construcción de género y todo esa cosa de los roles masculinos y femeninos, productivos y reproductivos. Entonces, sueltan una de esas caricias pedagógicas que iluminan nuestro conocimiento y que preceden con la fórmula ¿Sabías que...

«...la antropóloga M. Mead, comprobó que en determinadas culturas de la Polinesia, cuando se le entregaban muñecas a niñas y niños, eran estos últimos los que jugaban con ellas?»
Qué respingo de emoción me produce que citen, a modo de fundamento científico, a Margaret Mead, quien ha tenido el mérito de haber dado origen al "mito antropológico más conocido del siglo XX".

En su libro Adolescencia y cultura en Samoa (1928), Mead describía la vida en Samoa como idílica, apacible, no competitiva. Para esta antropóloga, sus habitantes carecían de rivalidades porque no se tomaban la vida demasiado en serio. Incluso llegó a sugerir que la promiscuidad protegía a las jóvenes adolescentes de Samoa de quedarse embarazadas, aunque no detallaba el procedimiento maravilloso con el que lo conseguían. Para su maestro, Franz Boas, todos estos inauditos descubrimientos eran fascinantes.

Treinta años después de la visita de Mead a Samoa, el antropólogo Lowell Holmes realizó un seguimiento en la misma isla en la que Mead había realizado su trabajo de campo. Aunque Mead consideraba que los habitantes de Samoa no albergaban sentimientos de rivalidad, ella misma no estaba libre de ellos. Cuando Holmes le escribió para comunicarle sus intenciones, recibió una respuesta fría y desalentadora:

«Me contestó diciendo que no sabía quién era yo, y que debía haber comentado con ella mi proyecto antes de emprender el viaje»
Para su sorpresa, Holmes descubrió muy pronto discrepancias con el relato de Mead.

Los habitantes de Samoa parecían en extremo competitivos, agresivos, preocupados por la posición social, intolerantes hacia las transgresiones, y puritanos con respecto al sexo. La violación —que según Mead, era desconocida en Samoa— resultó ser una práctica muy extendida...

Holmes trató de suavizar las contradicciones entre sus descubrimientos y los de la conocida antropóloga.

En 1958 publicó su libro. No les voy a aburrir sobre lo que el pobre de Holmes tuvo que sufrir ante los ataques de Mead:

«Me llevó a una esquina, me miró de arriba abajo, me llamó deshonesto y me dijo que mi trabajo no valía nada. Yo acababa de obtener mi doctorado, y para mí fue muy duro [...]. No le recomiendo a nadie que tenga a esa mujer de enemiga.»

Pero Holmes no fue el único que cuestionó las tesis antropológicas de Mead. Hacia el final de su vida había suficientes pruebas acumuladas para poner en duda su visión idílica de la sociedad de Samoa. Por supuesto, Mead desdeñó toda objeción de otros investigadores y rehusó revisar el contenido del libro más popular en ese campo.

Mead murió en 1978. Cinco años después un antropólogo, Derek Freeman, de Nueva Zelanda, publicó un libro sobre Samoa que causó revuelo en el mundo entero. Freeman había vivido en las islas de Samoa desde 1940 y hablaba el idioma samoano con fluidez. Adoptado por un jefe de la tribu y más tarde nombrado jefe, había estado presente en varios consejos de la tribu, y sabía muchos detalles acerca de la sociedad de Samoa que permanecían ocultos a los ojos de los extraños. Desde la visita de Mead, muchos habitantes había aprendido el idioma inglés. Algunos habían leído el libro de la autora y habían quedado atónitos con su contenido. Todos coincidían en que la visión de Mead era una descabellada distorsión de su sociedad, y muchos le pidieron a Freeman que rectificara esa información.

Su libro, basado en décadas de investigación, denunció los errores de Mead sin miramientos. Freeman también ofrece una explicación, proveniente de los propios samoanos, del error de Mead.

«Según parece, Mead fue engañada deliberadamente por su informantes, un grupo de adolescentes de Samoa. En Samoa el sexo es tabú, y los adolescentes nunca hablan sobre el tema. La pérdida de la virginidad antes del matrimonio es considerada como una desgracia para los adolescentes y sus familias. Las hijas de individuos de alto rango eran examinadas en una ceremonia especial para comprobar que seguían siendo vírgenes; una ceremonia que, contrariamente a lo que Mead afirmaba, era imposible evitar. Como Mead insistía en hacerlas hablar, los adolescentes inventaron historias "para burlarse de ella" . El engaño es un pasatiempo de los habitantes de Samoa, "un desahogo contra la represión de una sociedad en extremo autoritaria".»

Dice Frank J. Sulloway en su Rebeldes de nacimiento, que en posteriores investigaciones, Mead colaboró con otros investigadores, lo que la protegía de cometer el tipo de error que cometió en su primer trabajo de campo.

«El error de la joven Mead es comprensible; todos los científicos comenten errores. Sin embargo, el tipo de error que Mead cometió resulta significativo. Los errores de los primogénitos tienden a parecerse a los de sus maestros, en este caso a los de "Papa" Franz Boas. En cambio los errores de los hermanos menores son producto de una excesiva rebeldía.»


Imagen superior: recorte de un cartel anunciando una charla con el título Diversidad de familias, en Gijón, a cargo de Ana J. L., trabajadora social de un Centro de Asesoramiento e Información Sexual de Gijón).

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Quién se lo contó?

Cuentan que en el juicio por el crimen que costó la vida a Isabelita, y en el que hubo una sobreviviente, la madre de Isabel, que en la prensa suelen denominar como "la abuela del menor", estaba contando una de la andanzas de las que el imputado había tomado parte, con la inestimable aquiescencia y compañía de buen escudero, cuando al finalizar la segunda parte —de la primera parte era ella testigo, de la segunda otra persona—, la abogada, la misma que fue contratada para el imputado en un tiempo record, y que cual convidada no pétrea, tan a gusto ha estado trabajando desde el primer momento in situ, le preguntó a la madre de Isabel:

—¿Eso, qué se lo contó, A.?

La madre de Isabel, María, sorprendida por la pregunta, le contestó que no, que eso no se lo había contado A., sino otra persona (que detalló en el juicio).

Esto viene a cuento porque a la desesperada se ha intentado extender el bulo, entre otros, de que a la madre de Isabel le ha influido alguien de afuera. Dan con ello a entender que María no sabe, y es conducida por otros a los que, por otra parte, han tratado de mantener distantes.

Que el prejuicio haya llegado hasta profesionales de la cosa judicial, hasta el punto de que no es que no sepan, sino que no han querido saber de nadie cercano a la víctima, quedará ahora postergado, si vivo para contarlo, claro, y no es por dar ideas. Aunque ya van contando monsergas para disculparse por lo largo del proceso. Sin duda, con la fábula que se contaba, acabarían la instrucción muy pronto, pero...

El caso es que hay un hecho que no tiene vuelta: la madre de Isabel estuvo desde el primer momento sumergida en el entorno del imputado, y bien alejada de cualquier contacto exterior, en la medida de lo que han podido, que fue mucho, casi todo. Si embargo, ella sola fue la que se dijo "me tengo que ir de aquí", esto es, de allí, del domicilio del imputado. No vamos a hablar de quien por un lado parece tener muy claro el móvil del crimen, y por el otro estuvo, muy ladinamente, trayendo y llevando botes de un, digamos, Ponte Cachas Pronto, para tratar de construir, cara al juicio, una suerte de móvil químico, más interesante para la estrategia abracadabra de la abogada. Claro que para entonces ya había sido llevada en volandas a la tan esperada declaración, ¡6 días después del crimen!, bien resguardada de todos —por su bien, por supuesto— en cierto hospital. Que las huestes judiciales se hayan tomado toda esa primera declaración con tanta ingenuidad me produce no pocas dudas, y de verdad que esperaba que no lo podrían tragar tan tontamente con los condicionantes que había. ¿No se preocuparon de conocerlos? ¿Los obviaron?...

Así que me dice el A. que, aunque abrumado porque le tengan en tan alta consideración, no ha hecho nada para que María viera lo que ha estado aconteciendo realmente: todo lo han hecho "ellos".

Tanta modestia por esta parte ha sido acompañada, es cierto, por la lucidez y la intuición de la anciana madre que, afortunadamente para la dignidad de su hija y para todos los que la queríamos, no quedó tonta, aunque ellos, claro, no apreciarán esta lucidez de igual modo.

Ya se sabe que se puede hacer uso de la bondad ajena, sin comprender realmente qué clase de virtud es ésta, aunque virtud suene en nuestro tiempo, a muchos, extemporánea. María es buena persona, y eso, sin lugar a dudas, se deja entrever en esa primera declaración tan bien encarrilada, y en unas circunstancias tan bien toleradas.

Seguramente ellos nunca comprenderán del todo esa distancia en la calidad humana, que nada tiene que ver con la máscara social, ¡pardiez!, aunque les sirva de remedo.

No, si ya sé que no lo comprenden.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Angie: discreta y con clase

Angie

Veo el caso de Ángeles Molina Fernández, Angie, acusada del asesinato de Ana Páez, y no puedo lamentar más que ésta haya tenido la mala suerte de haberse creído su amiga.

Nos muestran a una chica glamurosa, que se mueve en un Porsche Carrera 911. Al parecer una chica bella -me da cosa usar esta palabra-, digamos que lo es de fuera. Una chica con muy buena imagen social, qué otra imagen si no.

Veo la capacidad de simulación, y hasta dónde se puede llegar cuando se es indiferente al sentir ajeno y se carece por completo de todo sentimiento de culpa. Me pregunto si acaso sentirá algo por el error propio, por no haber hecho algo "bien", una huella en su hiperbólica autoestima. La veo dirigiéndose a su objetivo como una triunfadora nata, con las ideas claras: a dónde va, a quién hay que eliminar para lograrlo, incluso a costa de quién se catapultará a un mundo socializado, del mundo de la good people al mundo de la high society. Una mujer moderna, trabajadora, eficiente; una mujer amante, con novio, con vida social. "Obsesionada por la línea", dicen; iluminada por las focos del éxito, digo. Tampoco: es su representación.

Al final de la noticia aparece una declaración de una chica, Silvia, hermana de un anterior novio, después marido, de Angie que murió en circunstancias extrañas. Tenía el marido, o exmarido, cómo no, un seguro de vida, aunque para él fuera, quizá, un seguro de muerte:

Desde Canarias, otra mujer, llamada Silvia Álvarez, ha declarado ante la policía. Esta persona cuenta cómo murió su hermano, Juan Antonio Álvarez, el 22 de noviembre de 1996: “Mi hermano conoció a ‘Angie’ en el 90, ella decía que era noble y tenía dinero, tierras con frutales… Se casaron; luego vimos que su padre era taxista; todo era mentira. Mi hermano me dijo que le había sacado diez mil dólares y se había ido a Madrid”. Silvia añadió que su hermano murió desnudo al lado de la cama, que en su cuerpo encontraron detergente. Y que tenía un seguro de vida: ochenta millones de pesetas.

Pero Angie es una chica con clase:

Incómoda por la situación y después de que otra presa le gritara "asesina" en la biblioteca, Molina Fernández solicitó ser trasladada de centro penitenciario..."

Eso de que una chica vulgar le gritara algo tan "incómodo" a una chica noble, debe ser de lo más duro de su estancia, pero Angie es una mujer discreta:

que ha participado en todas las actividades que le han sido posibles: manualidades, pintura, cerámica, educación física. Y colaboró como auxiliar en la escuela, donde ayudaba a sus compañeras a hacer más llevaderas las clases...
La veo trabajando en su "defensa", cómo no, en riguroso silencio. Y es que Angie es una chica discreta, una chica con clase.



Enlaces:

El crimen más seguro
Crimen Perfecto
Crimen de mujer, crónica de reportera
Disfressada per matar
Crimen Perfecto (Periódico de Aragón).


lunes, 2 de noviembre de 2009

Pedagogía Judicial: el derecho a mentir


Lo primero que aprende un presunto criminal cuando es procesado es el valor de la mentira. Es algo de cajón, pensarán. Sí, pero en el proceso a menores la cosa tiene un peso aún mayor, dado que supuestamente están aprendiendo. El “derecho a mentir” aparece pues como un arma que, en un caso extremo, le podría permitir al imputado salirse de rositas aún habiendo hecho el más execrable de los crímenes.. Pero aún estoy más sorprendido por la traducción real que tiene esa máxima del derecho a mentir. Los hechos que se consideran en la sentencia serán aquellos que, oídas todas las versiones testimoniales que derrumbaban la versión inicial del imputado, relatará éste, bien acompañado por su "defensor" –pero atacante para la víctima-. El imputado tendrá derecho, no sólo a mentir, sino a escuchar todas las declaraciones y pruebas y varios días después, para que tenga tiempo de preparar una nueva mentira, declarar la nueva versión. Ésta, aunque parezca increíble y contradiga las testimoniales, es la que se tendrá en cuenta y aparecerá como “hechos”.

A veces se habla de “justicia”. Resulta claro, para este ingenuo corazón, que justicia va ligado a verdad, sin ésta, no puede darse aquélla. Por eso las Madres de la Plaza de Mayo, en esa lucha contra el genocidio en la Dictadura argentina, proclaman que buscan “verdad y justicia”.

Sin embargo, la pedagogía que dice buscar la reinserción, lo primero que enseña es que mentir es la forma más rotunda de conseguir beneficios. Por supuesto, el entorno del imputado asume esta pedagogía como una especie de Bálsamo de Fierabrás, ellos ya saben que esto funciona así, el menor acabará de comprenderlo hasta sus últimas consecuencias.

Cómo no habría de representar el psicópata y sus variaciones una buena propuesta evolutiva de la naturaleza a un ambiente degradado, miserable y falso. Una falsedad anclada en el interés propio de una casta, y de sus prejuicios de clase.

El amor a la verdad es un grande problema: es el punto débil de las personas honradas. Honradas de corazón, qué si no.


Foto superior: una madre portando una imagen de un "desaparecido". La foto representa una verdad tan rotunda como, para algunos, molesta. No en vano, algunos genocidas dicen que su error fue dejar vivos, esto es, testigos, personas que alumbren la luz de la verdad.

domingo, 11 de octubre de 2009

Ganadores y perdedores

Veo un titular con una imagen del tenista Nadal que dice “Enhorabuena, has demostrado que cuando se lucha por algo, se consigue”. Luego los que perdieron no lucharon, se entiende.

No deja de extrañarme hasta qué punto tenemos fe en la sociedad competitiva. Sin embargo, ganador no hay más que uno, aunque depende de lo que se quiera relativizar, o de que sea un oligopolio, como los Partidos Políticos. Al final, el sentimiento de culpa siempre está rondando la existencia: da igual que seas cristiano, comunista o el más acérrimo de los individualistas, que al final siempre puedes sentirte culpable de no haber llegado a buen fin, sea este el Paraíso, el Cielo, o la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos.

Resulta que todo depende de uno. Nunca de dos, de tres o de cien mil. Lo que casa difícilmente con la competitividad, porque ¿se compite con uno o se compite contra los demás?

Siempre se puede mirar con "tolerancia" -optimismo, lo llaman-, y pensar que gracias a esa competitividad, uno siempre se supera a sí mismo, lo cual, en el ámbito en el que se compite, es verdad.

Una jugadora de la selección de baloncesto femenina decía en una ocasión que siempre le había gustado ganar. Le gustaba tanto, que siempre lo buscaba, aunque fuera haciendo trampas. Lo decía así, con inocencia, sin atisbos de la más mínima culpabilidad, divertida y orgullosa de su carácter de ganadora. Ganar es ganar. Así que eso de que las reglas se inventaron para saltárselas es una verdad radical. Básicamente, hacemos reglas porque somos unos comediantes, unos actores, que vamos de “nobles”, de “legales” y que, si estás socializado como Dios manda, sabrás casar con tu hacer oculto.

Lo que me extraña es que se diga expresamente. Ya hemos pasado de la situación en la que se simula –“hipocresía burguesa”, se decía-, a la situación en la que está claro que todo es mentira, y jugamos a ser solidarios y ambiciosos, ganadores y buenos perdedores.

viernes, 4 de septiembre de 2009

No es posible la venganza, sólo la justicia


"Confunde al atacado con el atacante; al torturado con el torturador; al asesinado con el asesino. Que duda cabe que la historia de Dachau nos la podría contar el miembro de las SS y el prisionero; la de Mylay, el teniente Calley y la madre arrodillada; la de la Universidad de Kent State, los miembros de la Guardia Nacional y los estudiantes muertos por la espalda. Pero sólo un cretino moral sostendría que todas estas historias son igual de verdaderas"

El materialismo cultural, Marvin Harris. Alianza Editorial
Me llama la atención la ignorancia supina en la que vivimos los ciudadanos en este país. No tenemos ni puta idea de como funciona la Justicia, razón por la cual todo el mundo se permite "opinar" sobre el uso o no de un jurado popular.

No dejan de asombrarme aquellos que están buscando con denuedo ¡juzgar a las víctimas!, su supuesta búsqueda de "venganza en lugar de justicia" basándose en una simple frase sacada de contexto. El padre de Marta del Castillo, Antonio, manifestó su agrado porque haya un jurado popular. Evidentemente, sólo es una creencia suponer que ello contribuirá a que se haga justicia o no. En todo caso, una frase que se le atribuye es que no sabe si la sentencia será o no más justa. Así de simple: ¡no sabe! Pues agarrándose a esta frase, un individuo del que no sabemos nada -¿es un psicópata, es interesado?...- manifiesta que de aquí se deduce claramente que el padre de Marta "no quiere justicia sino venganza".

No tiene este hombre y los allegados de la víctima bastante sufrimiento con lo que ciertos individuos les hacen padecer, sino que hay una clase de individuos que en aras de una aparente independencia sobrehumana -que oculta, como buena máscara, otra cosa-, lo que hacen es observar con lupa, bajo una ¡teoría de la sospecha hacia las víctimas!, -una especie de presunción de culpabilidad-, cada manifestación del entorno de éstas, y se resalta fuera de todo contexto lo que digan. Siempre bajo la sospecha de la búsqueda de venganza. Literalmente, actúan como si fueran abogados al servicio del imputado, es decir, del atacante, aunque sea acostumbrado expresarlo desde el punto de vista de estos últimos, bajo la denominación de "defensores". ¿Pero no cuentan ya con toda clase de ayuda en ese sentido? Bien claro es que hay una proyección de alguna clase de resentimiento bajo la vitola de un sentido de la justicia cuasi divino.

Es bien claro que los asesinos y adláteres utilizan con facilidad esta actitud de una supuesta máxima observancia de garantías jurídicas, incluyendo el "derecho a mentir", no penando ni a priori ni a posteriori la absoluta falta de colaboración con la justicia.

Los únicos que no desean hacer ninguna clase de justicia son los implicados en el crimen y parte de sus allegados. Los demás, con mejor o peor tino, buscan alguna clase de justicia, nunca de venganza.

Apelar a una supuesta "objetividad" de los profesionales y una supuesta "subjetividad" del jurado, que muchos describen como "populacho" -el mismo que va a votar- es una forma clara de manifestar que todo el mundo es un borrego, salvo los profesionales, claro.

Lo cierto es que sobre la mayoría de los crímenes, saben más algunos allegados que todas las autoridades juntas. De hecho, en delitos complejos, la policía sin esos allegados, bajo el nombre de "confidentes", sería ciega, idiota, como ustedes quieran calificarla.

Hay en la justicia y sus profesionales y seguidores -estudiantes, futuros profesionales...- una inmensa soberbia, un inmenso complejo de superioridad moral y material que, bien adoctrinados desde afuera, y bien condicionados desde sus propias motivaciones, les permite pasar por encima de todos los demás, que siempre serán "populacho".

La institución del jurado existe, y es legal. ¿Buena, mala? No sé, pero estar prejuiciando ya su influencia es una buena prueba de que el "juicio paralelo" es una necesidad vital que manifiestan quienes lo critican -ya están haciendo otro juicio paralelo-.

Es impresionante la cantidad de información que se pierde, o mejor dicho, se desdeña con soberbia -que suele ocultar otras motivaciones-, de personas cercanas al suceso por el mero hecho de incluirlo en el "populacho", por considerarlos, a priori, pre-juzgadores. ¿Quiénes tienen más prejuicios?

Muchos ciudadanos, imbuidos de una soberbia inmensa, y dejando aparte los que puedan tener rasgos psicopáticos u otro tipo de variación caracterológica más o menos pestilente, no hacen más que enjuiciar a las víctimas como buscadoras de "venganza". Una muestra de la confusión entre atacante y atacado. El relativismo a ultranza. Una muestra de que la presunción de inocencia sólo se utiliza para garante del atacante, nunca del atacado, que sin duda es la víctima.

En el ámbito judicial, que es el único que está en juego por razones obvias, nadie puede hacer venganza: simplemente, no es una opción. Sólo lo es para los criminales cuyos derechos tanto "preocupan". Venganza supondría hacerle al delincuente lo mismo que él ha hecho a la víctima. Hablar de "venganza" en el ámbito judicial es un insulto a las personas inteligentes, y sobre todo a las personas honradas, íntegras, decentes. Ninguno de estos asesinos recibirá, desde la ley, venganza, ninguno. Será la pena más o menos justa, o tal vez absolutamente injusta y una auténtica burla para la víctima, pero nunca será venganza, nunca se les negará lo que ellos le han negado con todo el cinismo a la víctima. Nunca se les negará lo que ellos les han negado a los allegados de la víctima, que SIEMPRE llevarán el dolor y la humillación de ser injustamente tratados. Los imputados tendrán la oportunidad de reírse. Y caso de una "victoria", será la risa más triste y diabólica que quepa imaginar. Una risa que, por otra parte, es habitual en cierta clase de individuos.

Aquí no hay un juicio paralelo, hay varias vías paralelas, algunas apuestan por una exacerbación de las garantías de los imputados. Unos individuos que podrían haber ayudado a disminuir el sufrimiento de las víctimas, pero que como es habitual no les ha importado absolutamente nada con tal de beneficiarse. Claro que en esto hay una sospechosa empatía con los criminales: se considera lógico. ¿Y la sociedad tiene que considerarlo "lógico"? No todo el mundo piensa igual, a veces, la penitencia la busca uno mismo. A esto se le llama integridad, virtud en extinción, aunque ya la palabra "virtud" resulta arcaica. Si este tipo de criminales tuvieran una sola pizca de valor, se habrían terminado toda suerte de juicios paralelos. Son ellos los que los generan, no las víctimas, ni los medios. Son los atacantes y nuestra estupidez.

Esta es una sociedad de psicópatas, por y para ellos. Maquiavélicos, egoístas, narcisistas, indiferentes al sufrimiento causado, cuando no placer. Claro que los beneficios profesionales conforman un placer compensatorio.

En lugar de esa continua cantinela de "los medios" como generadores de juicios paralelos, podría ser útil preguntarse si no será que cubren -malamente, inapropiadamente, y con oportunismo- una necesidad de justicia que no cumplen quienes habrían de hacerlo.

Decididamente, los no psicópatas somos idiotas. Cada vez lo veo más claro. Decididamente, los psicópatas son superiores a los demás. En todo.

No hay más que ver como les seguimos el juego.

viernes, 26 de junio de 2009

Hace ya un rato que te has ido


Alzo la vista hacia la entrada del café y te veo entrar. Te paras y tienes esa sonrisa luminosa, espléndida, feliz, esa sonrisa tuya. ¿Estaré soñando?, me digo mientras te acercas. No puedo dejar de mirarte, ¿estás o no estás? Te sientas a mi lado, inmediatamente me coges la mano y siento que es real.

—¿Qué lees? —me preguntas mirando al libro que dejé a un lado.

En silencio, con la mirada alucinada, cojo el libro lentamente sin dejar de mirarte, como un sonámbulo. Te muestro la contracubierta. Lees la reseña de
Caballos desbocados.

—¡Hoy hablan de una película sobre él en El País!, ¡¿vamos a verla?! —te oigo decir con ese aire tuyo de niña traviesa.

Sigo sin ser capaz de mostrar otra expresión que la de estar viendo un fantasma. Nadie alrededor parece haberse percatado. Todo indica que te veo. Entonces, mi silencio es la mejor forma de hablar, siento que me quieres decir que estás aquí, de alguna manera. Estoy ahora mismo a un paso de romper a llorar, me contengo en el límite.

Me dice que no esté triste, y me pregunto si sabe lo que está ocurriendo. Como si me leyera el pensamiento me dice con su mirada que está al corriente. Quiere que sepa que sigue aquí, de alguna manera, y que lo que me había dicho era verdad, sólo que ahora estaba aún más segura. Que siente haberme dicho aquello, aquel día. Que sabe que lo comprendo, y que ella me comprendía a mi también. Se calla y me mira escrutándome los ojos con los suyos, escrutándome hasta el alma. Se acerca y me da un beso tierno y cálido en la boca, sonríe. Se entretiene y no puedo evitar las lágrimas, pero enseguida paro. Estoy en un lugar público, y sólo yo la veo, a mi manera.

—¡Vamos al cine! —me repite.

"En otro momento", me digo tibiamente, sin dar crédito a lo que oigo. Me planteo si iré solo o acompañado. Es como si le preguntara. Me lee el pensamiento, pero no me dice nada, o yo no lo percibo. Pienso en uno de los últimos días en que la vi, la parca estaría ya haciendo sus funestos cálculos. Vimos una película en su casa. Me lo pasé muy bien, me reí, y me encantó verla bien de otra manera. Recuerdo mis destellos de preocupación cuando se agachaba colocando unos cables tras el televisor, antes de reproducir el DVD en un trasto que había comprado para poder jugar con quien presuntamente le quitaría la vida de cruel manera. "Tienes que cuidarte, Isabel", pensé, mientras veía cómo se le hinchaban las venas de la sien. "No te agaches así...", continué pensando, pero no le dije nada. Quería concentrarme en ella, disfrutando viéndola así, con serenidad, ella misma, y no la chica vapuleada y maltratada
-sí, era una chica-.

Unos pocos días después, apenas una semana, aquella llamada de tu amiga debería de haber sido una simple llamada tuya, que me permitiera haber disfrutado otro poco de ti misma. Mirando el móvil, estaba comprobando varias llamadas perdidas, era extraño, y me pasó un pensamiento siniestro e indefinido. Entonces sonó de nuevo, y lo cogí apresurado, preocupado. Me dijo eso. "¡No puede ser!", pensé. "Pero tú qué me dices", dije, como si estuviera tratando de comprobar que no era un sueño, como si le recriminara a tu amiga hablar a la ligera. Seguí repitiendo esta misma frase como un mantra. "Pero tú que me dices, pero, pero tú qué me estás diciendo, pero..." Tu amiga, nerviosamente, añadió el dato del presunto... Entonces y sólo entonces me di cuenta de que no era una pesadilla. Empecé a moverme y temblar de un lado a otro. Hice una llamada rápida y, como si tuviera que exhalar el fuego me abrasara el alma, solté descontroladamente las funestas palabras a alguien a quien deberías haber conocido un día. No quisiste, te lo perdiste tú, se lo perdió ella, me lo perdí yo. Todo pérdidas.

Se desvanece tu imagen.

Quisiera no detenerme con algunos pensamientos, no siempre puedo. Te atacaron en ese estado inocente y límpido, apenas recién estrenado un nuevo fulgor vital... Tenía que someterte, apagar la estrella que cegaba sus ojos. Esa es su firma, su forma de comunicar.

Por demás, me avergüenzo de este país. Me avergüenzo de que no sea rentable actuar conforme al pensamiento, pero aún más de que por ello se cambie éste para adaptarlo a la acción. ¿Será esto socializar? Ummm. Pero no hablo ahora de esto, chiquita mía, ahora no.

Hace ya un rato que te has ido.

PD: pienso en la canción Alazán, de Athaualpa Yupanqui, que aquí dejo en una versión demasiado lánguida. Llora la pérdida de su alazán, y me parece un símbolo de tu nobleza, víctima también de la perfidia humana.

"Oscuro lazo de niebla
Te pialon junto al barranco
Cómo fue que no lo viste
Qué estrella estabas mirando"



lunes, 25 de mayo de 2009

Experimento etológico (para reírse un poco)


H
ace no sé qué tiempo, a raíz de los principios del programa Gran Hermano, había quien, por un revolverse contra la exquisita "pseudo-intelectualidad" que desdeñaba el popular programa con cierto tufillo aristocrático, decía algo así como que tenía mucho de experimento etológico. Independientemente de que las intenciones de nuestro filósofo eran bien distintas de las que han querido mostrar los fagocitantes e interesados medios de comunicación -que ciertamente lo fagocitaron también a él, don Gustavo Bueno-. Desde luego, nada más alejado de la realidad que darle carta de "experimento" —científico— a este programa. Más acertado estaba cuando decía que "es un programa de televisión". ¡Eso sí, don Gustavo!

Si bien el profesor no ha sabido explicarse, o no ha podido, que no deja de ser un hombre contra una maquinaria mediática, y si bien es cierto que muchos hemos entendido claramente lo que quería decir, y que no era esto, precisamente, un dejar bien parado a estas audiencias..., quizá estuvo nuestro filósofo demasiado preocupado por exacerbar a la "pseudo-intelectualidad" y demasiado poco interesado en aguijonear a las conciencias de durmientes que, bien es verdad, no habrá dios que las despierte, porque no es cosa de enseñar a leer inglés a un tejón, y mal habrá hombre o mujer que lo lograra.

En todo caso, mal experimento científico puede hacerse cuando los participantes saben en todo momento que están siendo grabados e incluso, en algún momento he podido verlo, le hablaban con toda desfachatez a la cámara esto es, a nuestros ojos, a modo de personaje que se dirige a su creador y observador —los observadores son también creadores de estos personajes, evidentemente—.

En el siguiente vídeo, creo entender que se trata de una especie de Cámara Indiscreta, en la que los observados no saben que están siendo grabados. Me resulta magnífica la reacción de los rostros de estos hombres ante un panorama tan alentador. Las bellísimas témporas —sí, las confundo— mostrando toda su feminidad producen unas imágenes que, estoy seguro, no me hubieran dejado a mí tampoco indiferente. El cerebro masculino completamente cazado, a merced del sexo conspicuo.



Luego me dirán que somos iguales, homes y muyeres, y demás géneros habidos y por haber.

jueves, 21 de mayo de 2009

¡Se busca! (para salir en la foto)


"1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece."

Fuente: Decálogo para formar un delincuente, de Emilio Calatayud (Juez de menores en Granada, donde acontece la noticia)
Leo una noticia de agencia sobre un suceso en junio de 2008, hace casi un año. Ocho menores -adivinen ustedes, hasta dieciocho años, a saber- la emprendieron con un joven italiano de 29 años. La inventiva del periódico, buscando una forma creativa de atraer nuestra atención, lo titula Se busca mendigo para entregarle 3000 euros. No se celebra vista oral, y se llega a un acuerdo "por parte de los agresores" de aceptar la condena por la que el juez de menores decreta 3000 euros como indemnización para el indigente. Si dividen entre ocho, tocan a 375 euros por cabeza, no sé si de hijo o de padre. Apostaría a que los menores son gente de clase media. Por el precio de una entrada de Fórmula 1, los chicos se lo debieron pasar en grande. Sin duda, una buena lección para nuestros menores acomodados -y sus padres-, hijosdalgo. Si te quieres divertir, tan solo tienes que pagar. El "mendigo", "indigente" Giampiero Filangeri, se mantiene en paradero desconocido. Debió ser toda una edificante experiencia la de este joven: le destrozan, física y moralmente, pero le atienden en el hospital. Además, le quieren dar unas palmaditas en la espalda y por ser tan majete, le quieren dar un cheque de 3000 euros. Sólo falta que se hagan la foto, o se grabe en el móvil, y se secuencie así la divertida grabación que hizo uno de los menores y lo generosa que es nuestra bendita sociedad. Al lado, bien podríamos colocar la sonrisa de Zapatero, o del juez de menores en actitud paternal. Los chistes de Gila van cobrando carta de realidad, dejan de ser surrealismo y resultan noticias tópicas: "... me han matao el hijo, pero lo que me divertí".

Al fondo, se sigue oyendo la letanía de rezos de consternación por la Violencia machista, las luchas sindicales de tal contra cual. Los menos favorecidos callan. El rumor de lo que van a ahorrar -rían o lloren, da igual- este año en despilfarro. Aunque para estos cargos, "funcionarios de libre designación" y demás arribista de chaqueta ágil nunca se gastará suficiente. ¡Y a callar!

lunes, 11 de mayo de 2009

De lo normal y lo anormal: la ley del deseo


En una página de fetichismo femenino, el autor habla con una chica y le pregunta, como a todas, qué opina de la atracción o excitación por el pie femenino. La chica piensa "it's not normal". Ella es de un marcado feminismo, con aspecto algo andrógino que el autor de la página asocia, muy brevemente, con el "rechazo sufrido habiendo tenido principios de anorexia". La mujer, que accedió a dejarse fotografiar, tenía los pies algo deformados. Se entiende que según los gustos, habrá hombres a los que les produzca excitación.

La normalidad de un comportamiento es una de las características más difícil de valorar. Por ejemplo, habitualmente se ha considerado a la homosexualidad como algo anormal, como una desviación -claro, de la norma-, y aún hay profesionales de la psiquiatría que lo consideran eso, una anormalidad. A medida que la sociedad cambia, le teoría psiquiátrica se va modificando para adaptarse a la nueva situación, de igual forma que la teoría considera normal que una mujer desarrolle una vida profesional con los mismos derechos que un hombre y con libertad de acción en lo familiar mientras que, en tiempos no tan remotos, una mujer que se dirigiese por ese camino sería no muy normal. En general, se asumía que se trata de una mujer rarita que, no obstante, mientras realice acciones con aceptación social, no se estigmatizaba demasiado.

Podría decirse que hay deseos, y que estos son o no normales en función del entorno social. Hoy día se va extendiendo el deseo de formar una pareja homosexual y, al mismo tiempo, tener hijos, formando un matrimonio. El aumento del número de deseantes conllevó la aceptación del deseo como normal. En esta tesitura cabría preguntarse qué es normal y qué es anormal. Todos sabemos que depende del tipo de sociedad, pero todas tienen como fin necesario el mantenimiento de una población que perpetúe el ciclo de vida de ésta. Para ello es necesario el trabajo conjunto de la sociedad y su procreación. Economía y demografía. Supongamos que en un grupo social el ochenta y cinco por ciento de sus habitantes fueran homosexuales (masculinos o femeninos): en estas cicunstancias, la procreación se vería claramente comprometida, habría que hacer algo por puro mantenimiento, por pura supervivencia del grupo. Actualmente, la baja natalidad de los países desarrollados que cuenta, sin embargo, con grandes recursos económicos, frente a la elevada natalidad de países con escaso desarrollo, permite un movimiento de población que compensa la forma tradicional de mantener o desarrollar la población al ritmo adecuado. Entonces, claramente se observa que el patrón de normalidad está en las necesidades sociales. Lo que va en contra de éstas es anormal. Por ejemplo, un matrimonio homosexual es, por así decirlo, un auténtico lujo. De hecho sólo es posible si existe una fuente barata de niños para poder mantener la población. El matrimonio homosexual es, pues, una adaptación del deseo de una parte de los ricos a una sociedad que, por necesidades socio-económicas, puede satisfacer la demanda por esta vía. En una sociedad pobre, la homosexualidad es reprimida en mayor o menor grado, porque ese comportamiento iría en contra del bien común fundamental, que es el mantenimiento de la población.

Actualmente, en nuestra sociedad "occidental", la homosexualidad no se considera algo anormal, pero esto es así porque no se compromete el mantenimiento del grupo social al que pertenece. Incluso se puede considerar que es un bien que beneficia a los productores de niños en países pobres, a pesar de lo cual se considere escandaloso el fenómeno de las adopciones ilegales, ésta no es más que la forma de tratar de satisfacer una demanda de niños, es decir, de satisfacer el deseo de parejas homosexuales y parejas que no puedan tener hijos por razones biológicas. Los productores necesitan dinero, los pagadores necesitan niños. El resto de la población del grupo se mueve entre la indiferencia, tratada como "tolerancia" y, en menor grado, la oposición desde determinados presupuestos ideológicos, religiosos, morales. En medio estaría la inconsciencia, aunque habrá quien vea falsa conciencia.

Claramente se observa que es la infraestructura económica la que sustenta la aceptación de un deseo como bueno o como malo. O, si se prefiere, como normal o anormal.

Por cierto, comenzaba por un ejemplo fetichista. ¿Es normal la excitación a través de partes o prendas del cuerpo no necesariamente ligadas a la sexualidad? En un país subdesarrollado lo importante es que haya natalidad, por lo tanto, que haya excitación sexual que permita la reproducción en cierta medida. Con tal de mantener la natalidad, cualquier forma de excitarse puede considerarse normal. Que un número de machos elevado, incluso mayoritario, se exciten por una u otra vía, es normal siempre que ello conlleve suficiente número de relaciones sexuales ligadas a la procreación, aunque sea bajo el voluble señuelo del placer.

En un país desarrollado, los valores se trastocan por completo. El deseo de la sociedad no es ya el sustento de la población, éste es ya un hecho. Un nuevo deseo aparece en escena, puede ser el deseo de formar una familia monoparental, de padres homosexuales, etcétera.

La moral, pues, se sustenta en la necesidad de satisfacer un deseo. Lo que cambia es éste, a medida que se van satisfaciendo otros más perentorios. La forma de satisfacer el deseo es aceptada siempre que cumpla el fin social. Por eso, cuando se acepta en nuestra sociedad el deseo homosexual como equivalente al deseo matrimonial de nuestra tradición, estamos en realidad aceptando y adaptándonos de forma totalmente conservadora al estatus económico global. No hace más que perpetuar el ciclo de adaptación de un mercado de satisfacción de necesidades. Llámenle, si quieren, un efecto más de la globalización.

Mientras la moral tenga como sustento la necesidad del grupo, ésta siempre será adaptada a las nuevas situaciones, perpetuando no sólo su propio mantenimiento, sino el mantenimiento de los proveedores subdesarrollados. Para decirlo más claro: sin guerras por petróleo sería imposible mantener una sociedad que se afana en considerar bueno todo lo que satisface sus deseos, los cuales, cambian -en calidad y en cantidad- a medida que se van satisfaciendo. La inquietante conclusión es que no se puede ser progresista, en el sentido en que cierta autodenominada "izquierda" se considera a sí misma, oponiéndose a un tiempo a una política bushiana, imperialista, depredadora y al mismo tiempo hacer campaña pro derechos de homosexuales y pro derechos de cualquier grupo social que, por el mero hecho de desear algo pareciera que ya tiene base moral para sustentarlo. Defiéndanse esos derechos, pero defiendan, también, las políticas más "imperialistas", explotando los recursos naturales ilimitadamente, ahora que tanto se habla del calentamiento global y otras especies medioambientales.

No es casualidad que en un sistema esclavista, como el griego o el romano de la antigüedad tuviera gran aceptación la homosexualidad: el mantenimiento económico y democráfico se sustentaba en una política de guerra y esclavismo. Los esclavos eran, por así decir, el petróleo de ahora.


Fuente: apunte casi literal de 30 de octubre de 2007, a raíz de no sé qué cosas que tal vez se deducen.

PD: Tal vez podría ilustrar este post con la imagen de sendas ministras publicitando la "píldora del día después", sin receta y sin límites de edad... Buena contribución a todo el trasiego de niños-mercancía del Tercer Mundo al Primero. Por aquí se tiran a la basura los proyectos natales, por allá nos los venden. Todo muy progresista. Ellas, sendas ministras esplendorosas de sonrisa beatífica y acomodada.

PD: Es claro que en la depredación de recursos energéticos podría incluirse la depredación infantil.


viernes, 1 de mayo de 2009

La tolerancia no es tolerancia no es tolerancia

En una organización humana -empresa, administración, partido político, asociación...- hay individuos que con vías a canalizar sus pulsiones de dominación o de propio interés, pasan por donde sea. En muchos casos, imbuidos de una buena dosis de inteligencia social, usan del interés ajeno, del egoísmo e insolidaridad de los demás, o de la simple cobardía, para abordar a una víctima por la que pudieran sentir, por ejemplo, atracción sexual (si ustedes quieren incluso "amor"). La víctima, pudiera ser que fuese difícil, esto es, una hembra con una buena dosis de integridad, con carácter y dispuesta a defender lo justo, y no lo que sería acostumbrado. Dadas las características del acosador, su lugar en la organización y la impagable ayuda de beneficiados por la situación, entre las que puede haber hembras que, puede ser, envidien a la víctima, e incluso le recomienden ceder, en lugar de su empecinada resistencia al acoso. Una juntura de eso que modernamente se ha bautizado con el nombre de mobbing y el acoso sexual más o menos enmascarado -tengamos en cuenta que, además, el psicópata pudiera estar casado, tener hijos, etc.-. Quiero decir con esto que todo mal causado por personas y mantenido en el tiempo tiene una incardinación en el grupo social. Sin éste, el psicópata no puede dar rienda suelta a sus pulsiones, y buscará otra salida o algún lugar en el que concentrar su energía destructiva o degradante, que lo que le hace sentirse especial.

Individuos egocéntricos, sin escrúpulos ni interés por el otro (piensen en psicópatas históricos, y verán que sin un grupo de apoyo no podrían haber hecho nada), que siempre necesitan colaboracionistas, voluntarios o como ustedes los quieran llamar -y entre los que ustedes se pudieran encontrar, claro (carraspeen...)-. Todos estamos, pues, implicados, por acción u omisión, y el silencio, el mirar para otro lado, el "no querer meterse en líos", la cobardía y el egoísmo en suma, o dicho en lenguaje actual, la tolerancia, nos sitúa como parte del sistema planetario del psicópata, que ocupa el lugar de un sol sobre el que gira toda la acción. Amplíen ustedes el círculo de esas organizaciones a toda la sociedad, vista como el conjunto totalizador, y verán que no tomar partido supone cooperar, formar parte de la ejecución del mal. Nos sitúa como cooperantes frente a la víctima, que estará cada vez más aislada y hundida.

Visto así, las estructuras legales de esta Sociedad son consecuencia natural de una herencia de pastores que saben que, efectivamente, todos somos parte. Por supuesto, ellos en la cúspide de la pirámide alimenticia, claro.

Agreguen ustedes cuán similar pudiera ser el patrón de personalidad psicopática con el del triunfador social, y podrán ir incluso más allá y ver, en una perspectiva darwinista, cómo los que quedan, los reyes, los jefes de la tribu serán, justamente, los que exterminaron al resto de, para ellos, competidores, que por lógica elemental se quedarán fuera.

No me engañen: el destilado que queda procede de lo más inconfesable, y por eso cuenta con tanta colaboración muda, sierva de su amo.

viernes, 24 de abril de 2009

Beatería psicosocial

Iba a dar cuenta del artículo que David Torres publica en El Mundo Del asesinato considerado como chapuza. No lo hice en su momento, y lo dejo aquí ahora. Aunque está relacionado con masacres especialmente "absurdas", puesto que no hay forma de encontrarle un móvil, una explicación "racional", lo cierto es que el sustrato siempre es la libertad. Podrían haberse pegado un tiro cada cual, sin terminar con nadie, pero acaso eso implicaría en sus cabezas una imaginería mucho menos atractiva o, como tanto se utiliza ahora, fascinante. Hay quien busca la inmortalidad, y tal vez para la mediocridad más cobarde, más miserable e indigna, sea ese un medio de hacerlo, una forma de "pasar a la historia".

Por demás, creo que David se explica perfectamente, ¿no?


Del asesinato considerado como chapuza

David Torres - El Mundo, viernes 13 de marzo de 2008.

Después de las masacres que tiñeron de sangre el mismo día Winnenden y Samson, los psicólogos y los aprendices de psicólogo se apresuran a sacar su manual de la señorita Pepis para firmar sus pronósticos infalibles con varios cadáveres de retraso. No fallan porque son pronósticos a tiro hecho, es decir, pintan el blanco justo donde ha dado la bala. Suelen decirnos que el tiroteo estaba cantado, que el asesino novato vivía bajo una tremenda presión, que se sentía solitario y aislado, que sólo era cuestión de tiempo el que saliera a la calle y se pusiera a pegar tiros, etcétera.

O bien, que la sociedad actual genera este tipo de comportamientos, que la violencia en los medios audiovisuales exaspera las tendencias homicidas, que la facilidad con que pueden conseguirse armas de fuego, que los videojuegos, etcétera.

Paparruchas. Hay millones de chavales jugando a reventar zombis en internet y a ninguno se le ocurre cambiar la pantalla por la realidad. Hay millones de estudiantes tímidos y solitarios que no pasan al siguiente curso y a ninguno se le ocurre descargar su frustración a través del cañón de una pistola. Hay millones de chavales que se tragan cada fin de semana varios metros de celuloide ensangrentado (hoy día, rara es la película que no saca, por lo menos, un arma de fuego) y a ninguno se le ocurre salir a la calle a hacer el Tarantino.

La triste verdad es que la inmensa mayoría de jóvenes que repiten punto por punto el perfil de McLendon en Samson y el de Kretschmer en Winnenden seguirán acumulando ira, fracasos y complejos de inferioridad toda su mediocre vida sin que un buen día se les crucen los cables y, ya puestos, decidan cruzar la raya. Por suerte o por desgracia, no hay ninguna señal previa que delate a un asesino de masas.

Dicho de otro modo, Kretschmer y McLendon no eran androides programados para matar por culpa de unos genes defectuosos, un carácter introvertido o una intolerable presión social. Eran seres humanos que podían elegir y eligieron mal. De hecho, eligieron el mal. Anthony Burgess ya escribió a fondo sobre el tema en La naranja mecánica, donde descubrimos que el mal es, precisamente, la posibilidad de elegir, el demonio en términos teológicos, la médula misma de la libertad. McLendon descargó su furia contra su propia familia y Kretschmer contra sus compañeros de clase.Dos noticias leídas una y mil veces: ambos fueron mediocres hasta en el modo escogido para que sus nombres pasaran a los turbios anales del asesinato considerado como chapuza.

miércoles, 15 de abril de 2009

El mar, el amor y el mar y el amor...

«Había querido hablar del mar, y podía haber dicho algo como esto:

"Fue el mar, más que ninguna otra cosa, quien hizo que empezara a pensar en secreto acerca del amor. Un amor, ya sabes, por el que valga la pena morir, o un amor que te consuma. El mar, para un hombre encerrado todo el tiempo en un barco de acero, es algo muy parecido a una mujer. Le son familiares sus tormentas y sus calmas, o sus caprichos, o la belleza de un seno al reflejar el sol poniente. Y más aun: estás en un barco que monta el mar y lo cabalga, y al que sin embargo el mar constantemente se resiste. Es el viejo proverbio acerca de las millas y millas de agua maravillosa donde, sin embargo, no puedes apagar tu sed. La naturaleza rodea al marino con todos estos elementos, tan parecidos a una mujer, de los que pese a todo está tan apartado como pueda estarlo un hombre del cuerpo cálido y vivo de una hembra. Y ahí es donde el problema empieza, ahí mismo, estoy seguro".
Pero alcanzó sólo a recitar un par de líneas de la canción: "Ahora mi hogar es el mar: así lo he decidido. Pero también debo dejar caer una lágrima...".
—Curioso ¿verdad? Es mi canción preferida.
—Es una canción maravillosa -dijo ella. Pero él sabía que era sólo un intento de dejar a salvo su orgullo. Aunque ella pretendía conocer bien la canción, era obvio que la acababa de oír por primera vez entonces.
Ella no puede penetrar los profundos sentimientos de una canción como ésta; ni ver a través del muro de sombras de mi naturaleza de hombre el anhelo que a veces me hace llorar. Muy bien: entonces, en lo que a mí concierne, no es sino un cuerpo más.
Le bastó una mirada para darse cuenta de cuán delicado y fragante era aquel cuerpo. »

Fuente: El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima

Al sonido de las primeras notas de La Mer, veo que Isabel se acerca, contoneándose, sin dejar de mirarme a los ojos. Tiene una sonrisa retadora y sugerente, sensual y divertida. Me toma del brazo, se pega, me hace danzar. No tengo elección. Está feliz. Me hace feliz.




Para el curioso, aunque despistado, dejo Beyond de Sea, que es una versión jazzíztica del mismo tema en inglés (no es una traducción, más bien una adaptación cantada por George Benson.


domingo, 29 de marzo de 2009

Confluencias tardías

Recuerdo con nitidez la primera vez que escuché el álbum doble vinilo Agartha, de Miles Davis. Veo en una reseña muy acertada de Miquel Codina sobre este álbum que fue el primer disco de esa etapa editado en España. En aquella época, yo no sabía muy bien lo que era o dejaba de ser la música de jazz. Tenía un nombre más o menos mítico -Miles Davis-, y me encontré con una grabación que en una primera escucha me dejó desconcertado. Lo escuché a oscuras, en el dormitorio, encerrado y aislado del mundo, enfrentado a las emociones suscitadas por aquella grabación, realizada en vivo en Osaka, Japón, el 1 de febrero de 1975. En la cubierta aparecía una leyenda en letras pequeñitas en la que sugería que para apreciar los matices de la grabación, se escuchara a un volumen muy alto. Estaba bastante oculta, hay que mirar con mucha atención —y voltear la cubierta— para verla. Curioseando, entre los músicos estaba un tal Sonny Fortune, a la flauta y al saxo. También recuerdo haberlo escuchado repetidamente, obsesivamente, con la sensación de estar captando parte de un todo al que no llegaba. Creo recordar que la cara 3 -es decir, la primera del segundo LP- es la que me hizo exclamar de emoción -emociones que aún me resultaban novedosas-. Todo esto debía suceder a finales de los setenta.


Dejo como ilustración el segundo tema del doble LP, titulado Maiysha. Aparece sin solución de continuidad seguido del primero (que dura más de 30 minutos, ocupando éste toda la cara A y la mitad de la cara B del primer LP) . El flautista es Sonny Fortune, claro. Creo que es un tema incluso bailable -pero no sólo-, psicodélico, muy de aquellos años, pero al mismo tiempo representa una temática que para mí te hace viajar por diversos paisajes emocionales. Eso creo que es el concierto, un viaje.



(para los despistados, la trompeta de Miles comienza el solo en el minuto 5.52..., y seguirá tocando bastante tiempo)

Hasta el concierto de Sonny Fortune del 4 de febrero de 2009 en el Centro Cajastur de oviedo, no había tenido noticia de este músico. De hecho, cuando días antes me enteré de que tocaba, miré a ver si se trataba del mismo Sonny. Tras ver la formación que le acompañaba, intuí que era un lujo de concierto en el que, con toda seguridad, el sonido fusión y "eléctrico" del álbum Agartha, no estaría en absoluto presente. Pensé que iba a ser un concierto de jazz "puro y duro".

Cuando escuchaba y conocía en aquellos años el álbum de Miles Davis, yo no sabía gran cosa de lo que era el jazz, tampoco tenía conocimiento de que hubiera en este planeta una chica algo mayor que yo, que se llamara Isabel Uría, y con la que tuviera tantos puntos en común... Tiempo después se lo diría: "¿Cómo es que no nos habíamos conocido antes?" Fue un pensamiento compartido.

Curiosamente, en los tiempos en que la conocí, hace unos pocos años, yo estaba haciendo un curso relacionado con su profesión en medios audiovisuales. Otra confluencia.

Dos o tres días antes del concierto me preguntó si iría. Le dije que sí, y también que tenía que bajar de un local de su casa unos discos vinilos, entre ellos el Agartha de Miles Davis. Por esos días, coincidiendo con la memoria que me suscitaba Sonny Fortune, tenía casi obsesión por volver a escucharlo —en especial esa tercera cara—, pero circunstancialmente lo tenía ella en un garaje suyo, entre otro montón de vinilos míos que ahí siguen. No podría imaginar el funesto destino que le tenía reservado la semana siguiente... Ni remotamente podría imaginar que cuando Isabel se volvió, estando ambos solos en la sala ya, hacia Sonny para decir ese "¡Muy bien, muy bien..., very good!", el destino podría fijar una encrucijada semejante: un álbum fronterizo en mi adolescencia, un músico que, casualmente, estaba en aquella grabación, y que sonrió agradecido a las calurosas y sinceras palabras de Isabel, y tan solo seis días después de esa confluencia cósmica terminaría en una tragedia irremediable que quiero asumir, pero la memoria de emociones e imágenes, sonrisas y lágrimas, me impide consumar en mis velos y mis desvelos.

Ayer, 28 de marzo de 2009, sería el 49 cumpleaños de Isabel, que no le dejaron cumplir. Escuché al dúo de guitarras Joaquín Chacón y Marco Martínez en el Swing. Tocaron, entre otros, el estandar There will never be another you -tema, según la Wikipedia, del musical de 1942 Iceland-. Un título que bien puede recordarla, porque sin duda alguna, mi siempre querida Isabel Uría, nunca habrá otra como tú.

"Tendré miles de sueños, pero aunque se hagan realidad, nunca habrá otra como tú."

La verdad es que la versión que menté en otro post de Lester Young con Óscar Peterson, cd que había comprado ella, me parece de las más bonitas, aunque tristona. Por ello no la incluyo aquí ahora.

Me ha resultado difícil encontrar una versión cantada de este tema. Dejo una de Chet Baker, con lo que disfrutamos de su trompeta. Con una versión tan estilo West Coast, tiene la ventaja de que también la canta, lo que encaja para este post. Son canciones románticas, incluso ñoñas, para una angloparlante. Los no nativos podemos dejar que la imaginación vuele sobre la literalidad de las palabras y disfrutar, según creo, más que un angloparlante..., por la mayor evocación. En cierto modo, para nosotros, el mensaje es más musical, más poético. Nótese que a pesar de lo nostálgico, la letra tiene un tono positivo: sigue viviendo, sigue conociendo a personas nuevas, más canciones, más sueños...


There will never be another you (Harry Warren, Mack Gordon)

There will be many other nights like this, And I'll be standing here with someone new. There will be other songs to sing, Another fall...another spring... But there will never be another you. There will be other lips that I may kiss, But they won't thrill me, Like yours used to do. Yes, I may dream a million dreams, But how can they come true, If there will never, ever be another you?
(trompeta)

Yes, I may dream a million dreams,
But how can they come true, If there will never, ever be... Another you?
Al final su tono de voz me recuerda el de ¡Caetano Veloso!... ¿Puede ser?

martes, 24 de marzo de 2009

Los letrados: Directores de cine

Los letrados encargados de la defensa aparecen como los directores de una película. Cuentan con un guión de lo sucedido proporcionado por el acusado, sus secuaces y sus consejeros. Además, vía remuneración, aparecerán especialistas que avalen la verosimilitud de esa historia. Mientras pueda mantenerse un guión, o como diría el abogado, "una línea de defensa", el proceso se puede seguir, siempre basándose, claro está, en lo lucrante de la actividad. Cuanta más resonancia tenga el caso, más publicidad para el letrado, más lucro presente y futuro.

El problema con el caso de Marta del Castillo, en que ya son dos los abogados que rechazan seguir defendiendo a Miguel C. D. parecería, visto de forma superficial, como una suerte de moralidad de los letrados. Nada más lejos de la realidad. Por muy claro que tenga su defensor la culpabilidad del acusado -y hablamos de asesinato-, siempre tratará de hacer prevalecer la veracidad de esa historia. Pero Miguel cambia continuamente su versión, no hay forma de que los actores se ajusten a un guión o "línea de defensa". En esta tesitura, la defensa declina continuar.

Sí, los defensores son auténticos directores de una historia. Necesitan un buen guión (es decir, creíble), la colaboración de sus actores, entre los que se encuentran "científicos" que, pagados por el acusado y adláteres, proporcionarán cuanto pueda ser útil para darles realismo (y ocultarán lo que se lo quite).

¿Quién financia todo esto? : la víctima.

¿Quien se lucra?: abogados, procuradores, psiquiatras... Al final del camino, tal vez, el (presunto) asesino. Es lo único que importa ya, por lo visto.

¡Gran trabajo!

Foto superior: de Eddie Adams. El jefe de la policía de Saigón asesina a un preso del Vietcong el 1 de febrero de 1968. Como es sabido, se trataba de un preso que está con las manos atadas a la espalda.

jueves, 5 de marzo de 2009

Marta Gómez: luz, vida, belleza, amor.


-¿Tú crees que estoy loco?
-No, no estás loco..., estás solo.
-Estoy solo porque estoy loco, o estoy loco porque estoy solo.
Ayer, miércoles 4 de marzo, fui a una actuación de Marta Gómez. Venía enmarcada bajo el título de Música de autor, y apenas investigué que era de Colombia, lugar que inevitablemente me produce resonancias especiales. Llegué un poco tarde, 15 o 20 minutos, así que tuve que, franqueando a dos amables azafatas, esperar a que terminara un tema para, durante los aplausos, entrar. Antes de hacerlo me decía una de ellas que "estaba muy bien". Me encontré con una voz latina, que cantaba muy bien en directo -¡pero muy muy bien, ¿eh?-. Me gustó la luz de su voz, colombiana para más señas, aunque residente en Nueva York. Pensé que había algo especial en esas voces. En vivo sabe dar variedad, por ejemplo en una canción cantó acompañada únicamente por la batería. Entre cada canción decía algunas palabras sobre el tema, lo que la había inspirado. En no sé que medio que le enviaron en un email se encontró cubriendo una especie de formulario que le enviaron con fórmulas más o menos astrológicas que le darían su sentimiento característico. Explicaba que en su perfil le salió un sentimiento nostálgico, melancólico, y que cada persona tenía asociado un árbol, que en su caso resultó ser el sauce llorón. Recordé que en un post anterior dije que me hizo gracia que Irene Shams se molestara en presentar un tema tan conocido como el Willow Weep For Me -bueno, la verdad es que más bien recordó a su autor, y en general el público agradecemos, creo, algunas palabras-. Fijense en el título (willow, la palabra inglesa que designa al árbol que aquí llamamos "sauce llorón"), en inglés da el juego de palabras que, en horrísona traducción literal, sería

"Sauce (llorón), llora para mí".
Al final resultó ser un grupo muy siglo XXI: una chica rusa a la flauta travesera, un bajo y un baterista de la Argentina, un multiinstrumentista (charango, violín, kena...) de Ecuador, y la propia Marta Gómez de Colombia.

En las circunstancias en que fui, encontrarme con la luz de una voz latina me dio que pensar, es decir, me dio que sentir. La "escenografía" es muy buena -vaya, que sabe narrar un concierto, no es cuestión de efectos técnicos-, así que si musicalmente merece, visualmente convence. Por razones personales he tenido algún problema de concentración en las letras, la música debe ir por otro canal, aparte de que siempre hay que soportar alguna aburrida oyente que estuvo durante varios temas diciéndole a su compañera que si se iban ya... Ni comen, ni dejan comer.

Esto me trae a colación que anteayer vi con toda la atención que merece la película Las uvas de la ira, complicada de ver para mí porque trabajaba Henry Fonda, y eso me trae muy directamente a mi querida Isabel, incluso un recuerdo material relacionado que iba a devolverle estos días y que por vagancia demoré.

(Un primer párrafo Sobre la "tolerancia")

El caso es que al comienzo de esta película había justo a mi derecha dos señoras con su parloteo inacabable que me hacían presagiar lo peor
(en realidad estos parloteos suelen ser monólogos...). Afortunadamente, delante de la señora había un hombre de mediana edad, de complexión más bien robusta, que sin cortarse un pelo giró atrás la cabeza y dijo con voz contundente "¿va a seguir así todo el tiempo o...?" La mujer, una señora mayor, se cortó y se calló durante toda la película... Me pasó por la cabeza decirle al oído al hombre "¡gracias!", también pensé en dárselas tras la película -aunque la mujer me dio lástima, también...-, pero dadas las circustancias antedichas, al final de lo que menos me acordaba era del señor y de todo esto.

Una película que es mucho más que recomendable, y por la que parece no haber pasado el tiempo. En un texto sobre la película decían que la novela de Steinbeck había envejecido peor que la película. No lo sé, pero la película es, para mí, excelente, y resulta actual en todos los sentidos, si uno se para a pensar un poquito en que la pobreza, las pateras, las emigraciones e inmigraciones, la corrupción, la integridad, la amistad, la política..., en fin, sigue y segurá siendo de actualidad para toda persona medianamente sensible, aunque a los sensibleros tal vez les lleguen sólo otras cuestiones.

Resulta conmovedora la escena en la que, viajando con el dinero justo en busca de trabajo, paran en una bar a ver si les vendían algo de pan. Una señora, desabridamente, les dice que eso no es una panadería, que el pan que tienen es para sandwiches, y que si lo desean, ahí están. El señor les dice que es para la abuela, que tiene que ser pan de molde por la dentadura, y que sólo tienen 10 centavos, que lo tienen todo justo para el viaje... La señora le dice que lo que tienen cuesta 15 centavos. A todo esto un par de camioneros en la barra del bar viendo la situación. El dueño del negocio le dice a la mujer que les dé el pan que piden. Ella dice que lo necesitan para los sandwiches. El dueño -se sobre entiende que es el marido- insiste terminantemente. La señora les planta el bloque de pan encima del mostrador repitiendo que son 15 centavos. El señor le dice que si le puede cortar 10 centavos. El dueño le dice que se lo dé, el hombre insiste en llevar 10 centavos, le contesta que es pan de ayer, que se lo lleve todo por 10 centavos. En todo momento el señor está acompañado por dos niñas. Paga en caja los diez centavos y al lado tienen chucherías, caramelos. Le pregunta a la señora, que sigue con su coraza endurecida, que cuánto cuestan los caramelos. La señora se queda dudando, mira a los niños, todo contado con unas imágenes nada sentimentalizadas, puro cine -
nada que ver con la sensiblería ñoña de Qué bello es vivir de Capra, ¡por favor!-. Le dice que cuestan un centavo. El hombre le dice que le dé dos. Los niños -un niño y una niña- los cogen felices. Cuando se van, un camionero de dice a la mujer, antes de pagar su consumición, que por qué les dijo que costaban 1 centavo si costaban cinco. Ella les contesta en el mismo tono desabrido que es su negocio... Los camioneros pagan la consumición y, cuando la dueña les va a dar la vuelta, salen apresurádamente dejándole la vuelta...

Y por si no quedara claro: aunque trata de la dureza, de la miseria, no se regodea en absoluto en la desgracia, la cuenta, la narra, pero resulta incluso tratada con cierto sentido del humor ya desde el principio.

Por supuesto, lo conmovedor resulta ya desde el principio.

"-¿Tú crees que estoy loco?
-No, no estás loco..., estás solo.
-Estoy solo porque estoy loco, o estoy loco porque estoy solo."

Según veo Qué bello es vivir, de Capra, es de 1946. Las uvas de la ira, de John Ford, es de 1940. Sin desdeñar aciertos y bondades de la primera, tengo claro que esa no la veré más -la vi hace pocos meses-, pero sí recomiendo una visión de la segunda sin prejuicios modernistas, viéndola como lo que es, una historia contada magistralmente, la primera no pasa, para mí, en absoluto el paso del tiempo -ni alguna otra-. Esta segunda sí...


Al final el hombre le dice a la mujer, que es la fortaleza de la familia, que si no fuera por ella, él no habría podido. Ella le dice que los hombres vamos a golpes, que las mujeres van como un río, hay cascadas y salientes, pero la vida fluye como un río... Termina así.

Por algún comentario al salir, me pareció que alguna gente no se centró tanto en la historia como mereciera, y que la vio muy prejuiciadamente. De hecho, el ciclo se llama
Adolescentes en la pantalla, y el comentario que hacían dos jóvenes, imagino que universitarios, si es que esto significa algo, era que no veían qué tenía la película en relación al título del ciclo. A mí me importó un bledo ese detalle, y vi una gran película de 1940. Fue en versión subtitulada. Cada loco con su tema.
Siguiendo con Marta Gómez, me gustó la luz de su música, merece la pena escucharla en vivo. Créanme, las grabaciones sólo muestran un ápice. Veo que hoy, jueves, 5 de marzo, va a cantar en Gijón. Espero que sea tan bonito como el de ayer. Igual hasta me acerco, aunque vaya día que hace hoy. La tristeza de la vida con Marta Gómez se vuelve luminosa, resulta como ese río que fluye de la vida... Sí, creo que voy a obligarme a ir, llueva o nieve, quiero ver luz, quiero oírla y verla. Necesito su luz.

Dejo una canción, porque alguien la subió, titulada Paula Ausente (insisto: no se conformen con las grabaciones), si tienen ocasión, véanla y oiganla en vivo. Es mucho más. Es pura vida.




No me resisto a dejar a continuación una de mis canciones más emotivas. Aprovecho que Estragón la subió, y no me molesto en hacerlo. Mercedes Sosa canta Como la cigarra, sobre un texto de Maria Elena Walsh. Nunca supe muy bien por qué exactamente me toca tanto la fibra sensible esta canción. O me la tocaba, no sé ahora.





Y eso que ahora mismo no es la que más me apetece escuchar.

Por favor, que nadie piense que la música de Marta Gómez le va a dar tristeza, porque no. Es luz, es vida, es amor.


Marta Gómez: ¡Guapa!

domingo, 1 de marzo de 2009

La Tensión del Sentido de la propiedad y el relax de Back to the Land


Cuando llegué al Swing el sábado 28, como de costumbre, busco un lugar en el que poder sentarme tranquilamente, aunque sea tras una columna que me impide ver a los músicos. Lo habitual es encontrar más o menos sitio libre -a veces no-. O mejor dicho, ocupado por chaquetas, etcétera. Este sábado me acerqué al lugar que suelo ocupar, había una chaqueta encima, y le pregunté a la pareja que estaba al lado si podía sentarme en ese lugar. Siempre me encuentro con la misma situación: miran desconcertados, como si tuvieran todo el derecho del mundo a ocupar los asientos en exclusiva, como si uno fuera un impertinente. No suelo dejar mucho opción: con toda la educación del mundo doy por hecho que tengo derecho a ocupar un sitio, dentro de un contexto en el que hay espacio suficiente. Entonces la chica me dice que la chaqueta no es de ellos. Ésta estaba en el extremo. Más allá había una esquina en la que hay sitio para sentarse, pero la gente la utiliza para dejar sus chaquetas, etcétera. Al parecer estos objetos exigen mucho espacio, no se les puede comprimir, son algo así como sólidos ideales perfectos. Dentrás mío aparece el dueño de la chaqueta, que yo ya había tomado para colgar en una silla plegada mientras buscaba su posible dueño. No tuvo mayor problema y me dijo que la dejará allá -en la esquina-. Me siento en su lugar. Estoy pegado al hombre de la pareja. Un tipo con aspecto de tener carácter -pero lo dudo-, más alto que yo. El tipo me dice que si me puedo poner más allá, ellos sin desplazarse lo más mínimo -tenían espacio de sobra hacia la esquina-. Le digo que estoy al límite, que si hacen el favor de desplazarse ellos. La chica me hace una mención a que la otra parte está ocupada por las chaquetas. Les digo -en todo momento muy educado aunque serio- "creo que tengo derecho a sentarme, ¿no?, hay espacio hacia allá". Consigo que se desplacen lo suficiente como para que no nos toquemos. Y me dejo llevar por la música. Al cabo de un rato, unos pocos temas, deciden irse. Percibí algo de tensión en el hombre -que es el que estaba más cerca de mí-, pero me centré más en la música, y en la situación inevitable de que tanto ese día como el anterior Isabel hubiera disfrutado también.

Resulta turbador la facilidad con que las personas buscan problemas cuando ocurre..., lo que ocurre.

Recordé un día en que dejé el coche en una plazoleta pública, un aparcamiento de uso público delante de una iglesia pequeña. Iba a comprar unas cosas en un supermercado y cuando volví al coche, en medio, impidiendo el acceso a cualquier vehículo que intentara entrar o salir, había un auto con una pareja y un hombre de mediana edad charlando. Tras colocar mis cosas en el auto, les digo que si por favor pueden dejarme salir. Los del auto miran desconcertados, como si estuviera pidiendo algo fuera de lugar. Veo que van a hacerlo, y al tiempo oigo al hombre, que recuerdo que tenía barba, "no hagáis caso, no hagáis caso". Me quedé de piedra. Tras un titubeo en el que les digo que si no apartan el vehículo no puedo salir, acceden a apartar el auto. Al pasar con el coche, con un cabreo impresionante, conteniéndome, le digo desde el puesto del conductor al barbas que si pasaba algo. Me contestó con no recuerdo qué gesto desconcertado -porque me veía cabreado- y chulesco, y muy alterado le dije "¡¿es tuyo el coche?!", contestó algo así como "parecido", mostrando un gesto de desprecio mientras apartaba la mirada a un lado, y la mujer de la pareja me dijo algo así como "salga, salga" haciendo gestos con la mano cual guarda de tráfico.
No alcanzo a comprender estas situaciones. La primera se basa en que todos queremos tener nuestro espacio vital. Comprensible, pero de ahí a que no dejes ocupar asientos en una actuación en público. Recuerdo haberles dicho que eso no era una sala de conciertos, que no eran butacas pagadas. Por otra parte, se quedaron dos chicas y un chico que estaban con ellos -comprobé luego-. Con estos no tuve ningún problema.

La noche anterior, del viernes, había dos chicas, una de las cuales hablaba hasta por los codos, de "economista", de "tesina", de no sé cuántas cosas más sobre conocidos, amistades o lo que fueran. Mientras, Marco Martínez Quartet tocando maravillosamente. Las chicas -al menos a la que hablaba tanto- mostraron cierta turbación porque ocupase mi sitio -en absoluto ocupando su espacio vital-, simplemente pedí permiso por cortesía. Cuando llegó más gente buscando un hueco, la parladora misma sugirió a la otra con una mirada cómplice que si se iban... Afortunadamente se fueron.

¿Pero no es un lugar público? No entiendo el acendrado sentido de la propiedad que tienen muchas personas sobre cosas públicas. De todas formas, hay que decir que no todo conflicto, cortesía, Count Basie, cura, Dizzy Gillespie, Isabel Uria, Mickey Rocker, párroco, Ray Brown, Sentido de la propiedad, el mundo es así, y por supuesto hay de todo, claro.

Por otra parte, siempre que veo actitudes así pienso, también, en personas reprimidas...
El barbas que jaleaba a la pareja para que no apartara el coche que obstaculizaba la salida resultó ser, según comprobé por casualidad días después, ¡el párroco de la Iglesia!...
Voy a dejar un tema tranquilo -pero intenso-, dado que el tema de este post habla de la tensión artificial que crean gentes que lo único que tienen de "educadas" son determinados gestos más menos característicos de pijos. Hum.


Count Basie al piano, Dizzy Gillespie tocando la trompeta de una forma nada usual en él, a la batería de Mickey Rocker y al contrabajo Ray Brown en una versión que yo mismo pasé de un vinilo hace algunos años. La grabación original creo que es de finales de los setenta. Un vinilo que Isabel me hubiera devuelto en su semana trágica... La imagen superior corresponde a la portada de la versión cd que se puede ver en la web. Tonalidad aparte, es la misma imagen.

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