martes, 11 de mayo de 2010

De prisiones y sexos (o la vergüenza de ser "hombre")

Podría mirarse el caso de la prisión de mujeres de Alcalá Meco por su valor ilustrativo. Por un lado, es interesante observar que la población reclusa incumple de forma flagrante el ideal de la perspectiva de género, pues lejos de la justa igualdad, produce pasmo observar el alto coste que tiene ser hombre en una cultura machista: el 90 % de la población reclusa es de sexo masculino, es decir, de cada diez reclusos, nueve son hombres.

"De cada diez presos, nueve son varones"

Pero la forma de arreglar este mundo imperfecto y convertirlo en un mundo feliz consiste en cuadrarlo por decreto, lo que tampoco debiera extrañarnos si observamos que los altos cargos se ocupan, precisamente, por este sistema. Así pues, la particular visión que estos políticos puedan tener del mundo se debe, en parte, al camino por el cual ellos ocupan un lugar privilegiado, ¿por qué habrían de dudar de su eficacia?

Si electoralmente fuera rentable,
se podría igualar a la población reclusa por ley: o bien liberando a muchos hombres, o bien encarcelando masivamente a muchas mujeres, o ambas simulatáneamente.

En la Prisión de mujeres de Alcalá Meco, los funcionarios lo eran en virtud de la Ley de Igualdad, pues antes de la aplicación de tan ingeniosa regulación, las mujeres reclusas estaban atendidas por funcionarias. No es casual, pues, que solamente tras esta salomónica reglamentación, se hayan dado semejantes machadas. Ahora bien, Mercedes Gallizo, Secretaria de Instituciones Penitenciarias, intenta dejar claro que esto no sucede por la aplicación de esa ley, puesto que es un mandamiento que una ley igualadora jamás puede estar en origen de comportamientos mendaces como los denunciados. Se puede notar que Mercedes Gallizo era según fuentes ministeriales "especialista en temas relacionados con la problemática de las mujeres", imagino que allá en el Ayuntamiento de Zaragoza. A buen lugar ha ido a recalar: un mundo con una aplastante mayoría masculina. Claro que se puede seguir de esto que su problema serán las funcionarias, no la población reclusa.

Por otra parte, este vergonzante suceso ilustra que las cárceles no se libran de la ubicua Ley del Mercado. Había reclusas que tenían algo que ofrecer, y había funcionarios seducidos por este mercadeo oportunista. En este desigual intercambio, estos ejemplares de macho parecieran querer demostrar de parte de quién está la fuerza, con ley o sin ella. El objeto de deseo, simplemente se compra, y encima le haces un favor, como buenos hombres de negosucios.

Dada la desproporcionadísima desgualdad por sexos de la población reclusa, no dejarán de observar que la dirección de Instituciones Penitenciarias está a cargo de una mujer. Es tema tabú, pero la duda no la tengo yo, la produce la imposición de cuotas: "¿no será que usted está ahí porque es mujer? Claro que es electoralmente rentable colocar a mujeres, entre otras cosas porque muchos hombres somos unos falderos, aunque no lo queramos reconocer, "tiran más dos tetas que dos carretas".¡Uitant! Además, imbuidos como estamos de una cultura machista, darle ventajas a las féminas supone una reafirmación de la hombría, y lamentarse por la desigualdad a su favor no sería varonil, y todo menos que a uno le llamen mariquita. ¿Y qué mejor para aplicar la Ley de igualdad que un lugar tan imposible de cuadrar como son las cárceles españolas?

Claro que a saber qué lindeza legal nos deparará el futuro para aceptar el hecho de que la población reclusa se conforma de una abrumadora mayoría de hombres, y de una comparativamente exigua población femenina. Mientras tanto, no olvidemos que el nicho de mercado lo conforma toda la población reclusa, y este filón de trabajo remunerado hay que repartírselo entre homes y muyeres.

Igualemos por sexos la población funcionarial de las prisiones (el resto de la población funcionarial cuenta con mayoría femenina), que es donde está ese bien tan escaso que es el trabajo remunerado, y ya veremos con los reclusos y reclusas qué facemos.


Veo una tristísima noticia relacionada con este caso. Se trata del suicidio de la ciudadana brasileña Daiane Laurindo Da Silva, de 25 años, que lo hizo en una celda de aislamiento un mes después de su ingreso en prisión en febrero de 2008. Cuentan que Daiane fue objeto del acoso de los funcionarios de turno: "Las extrajeras, jóvenes y guapas tenían que tragar".

domingo, 9 de mayo de 2010

"El grito en el cielo" según Trapiello

Sí, sí, el lenguaje está entre mis obsesiones. El origen de esta inquietud tiene que ver, seguramente, con limitaciones propias que ya recuerdo desde niño: no entendía, dudaba, consultaba..., y la palabra intercedía en la comprensión. Como todo el mundo, cometo errores, también en este blog, sin corregir aún, pero no es el error en sí mismo lo que me interesa (los ortográficos suelen ser anodinos, para mí, otros pueden ser de más calado). Es todo un tema lo que le molesta al común de los mortales que les avisen de una incorrección ortográfica. Es como si ves a un automóvil con la puerta mal cerrada y tratas de avisar a los ocupantes, encontrándote con un desplante. Precisamente porque no le doy tanta importancia (o porque no me la doy), no me molesta en absoluto que me corrijan, es decir, me avisen. En realidad lo agradezco, al fin y al cabo, podrían haber pasado de largo. Que haya mal pensados en uno u otro sitio no invalida el fondo ni la regla general. En cuanto a la vanidad, bueno, parece que con ella hemos topado.

Perspectiva de género

Desde la perspectiva de género se podría pensar que la palabra papelera es de género femenino porque una cultura machista se lo asigna a un recipiente destinado a la fútil tarea de recibir papeles desechables. Sin inspiración alguna, pronto podemos notar que basurero es de género masculino, y en un instante toda la argumentación anterior se vendría abajo. Acaso podría demostrarse que una palabra es efectivamente un reflejo de la cultura machista, pero asignar a todo el orbe lingüístico una pérfida obsesión machista en imponer una cultura que ensalza al macho y denigra a la hembra supone tomar a la parte por el todo, amén de una simplificación que nada bueno dice de sus mentoras y mentores. Pienso en aquel mecanismo de la inducción que lamentaba indignado Bertrand Russell como uno de los mecanismos mentales más "estúpidos", cuando del caso particular se obtiene la regla general, aunque no se refería al elegante y bello método de la inducción matemática, claro.

El grito en el cielo


Recientemente leí un artículo de Andrés Trapiello con este título que me dejó anonadado. En él se despachaba a gusto contra aquellos que
Desde hace lo menos doscientos años, cada quince días salen muy indignados recordándonos lo mal que se habla el español. Son los nuevos Savonarolas.
Por un momento podría ir atinado. tal vez, cuando dice que lo hacen en artículos "a menudo apelmazados y latosísimos que podría afeárseles". Con varios años de retraso, lo hace ahora el opinante semanal, pero ¿qué nos quiere decir Trapiello?

El artículo arremete contra aquella columna titulada El dardo en la palabra
que se ocupaba de esta clase de chorradas
Parece sincero Andrés cuando dice de esas columnas que
nadie le hizo notar que tan irritantes podían ser las faltas que él descubría en los demás como ese título suyo pretencioso, pedante y agresivo.
¡Pues sí que está irritado!, aunque un poco tarde. Y añade que siempre le pareció
algo fuera de lugar, como si un día, almorzando en un restaurante de carretera, nos dedicáramos a corregir a los vecinos de la mesa la manera que tienen de coger la cuchara o de masticar.
Una comparación más bien disparatada. Sin embargo, lo que me parece fuera de lugar (y de tiempo) es desastrar de modo general los artículos de Lázaro Carreter sin entrar en materia alguna más allá del tono. Juzgar el "elemento subjetivo" de Carreter en esos artículos post morten me parece un despropósito. ¿Qué esconde Trapiello tras la bilis?, ¿a quién se dirige?

De los dardos queda toda lo escrito, y a ella podría entrarle Trapiello y cualquiera, pero opta por la bilis, suponemos, porque no nos queda otra opción, que sangra por alguna herida, y lo comprendemos. Creo que el fondo de esos dardos, que por otra parte se dirigían a un público amplio, es decir, "al pueblo", está en la reflexión sobre el uso mediático de la lengua (prensa, radio y televisión, fundamentalmente). Uno se pregunta de qué le gustaría que hablase el académico, aunque tal vez lo que nos viene a decir Andrés Trapiello es que se queden en sus despachos y nos dejen a los demás en paz, y no sé si en particular a él. ¿Estará matando moscas a cañonazos?

Adolecer

Un día, ojeando un libro que recopilaba aquellos artículos de Lázaro Carreter me dio por mirar el índice, y me encontré con la palabra adolecer. Siempre se me había atragantado esta palabra, desde niño: veía su uso en un texto, miraba el diccionario, creía entenderlo. Luego lo veía en otro texto, volvía a dudar, consultaba de nuevo, y me decía "no entiendo lo que significa esta palabra". Lo dejé por imposible, y evité su uso, un poco siguiendo aquel chiste del guarda civil que anotando un atestado le entran dudas sobre la ortografía, y opta por preguntarle al superior: "Señor, badén se escribe con b o con v", el mando se queda dudando y le contesta "ummm... ponga cuneta".
-Señor, badén se escribe con be o con uve.
-Ummm... ¡ponga cuneta!
Me sucede con frecuencia que a veces no entiendo por limitaciones propias, otras porque
no entiendo lo que no se puede entender..., y esto fue lo que me hizo ver de una vez por todas el artículo de Carreter. Unas veces lo leía bien usado, ¡y es cuando lo entendía!, pero otros escribientes adolecían de un desconocimiento de la palabra, por lo que no se podía entender. Les ahorro el efecto que producía en mi autoestima revisar el diccionario y concluir que no entendía. El mal uso de esta palabra traspasa la barrera de la mera ortografía, pues da lugar a un texto ininteligible, aunque igual se trata de eso...

No sé si se habrá erradicado el error, pero sin duda el dardo de Carreter habrá contribuido a ello, para bien de todos, también los implicados. "Lo malo no es no saber..., lo malo es no querer saber". Entonces, ¿cuál es el fondo, qué es lo importante, qué lo accesorio?

Trapiello dice:
Cada quince días viene alguien a decirnos cómo hemos de llevarnos el adjetivo a los labios y qué hacer con la perífrasis. Hace cien años era el pelma de Julio Casares, ayer, Lázaro Carreter, y hoy, sus sucesores.
Y nos intenta hacer notar lo que según él tienen en común "poner el grito en el cielo con mensajes apocalípticos". En medio del artículo, continúa Andrés diciéndonos que esos autores "pretenden que se hable como antes", ¿como antes de qué?

Lenguas vivas y lenguas muertas

No creo que Carreter fuera tan beato como para pensar que el lenguaje no está sujeto a cambios e invenciones, y ya hacía notar Ortega y Gasset que el lingüista Vendryès podría haber definido una lengua muerta como aquella lengua en que no hay derecho a cometer faltas, lo que de forma invertida puede leerse como que la lengua viva vive de cometerlas.

Tras tragarte las dos primeras columnas
trapiellenses de mala leche, en la tercera y última columna Andrés nos intenta, por fin, decir algo en este sentido, aunque yéndose al extremo opuesto, y nos ofrece una especie de sentimentalismo lingüístico, según el cual "lo que se siente se puede expresar". Suponemos que se aprende a sentir a gritos, o en silencio, no sé. Al parecer la lengua no intermedia en el proceso, vaya, que la lengua es una chorrada inútil que sólo vale para, ¿para qué? Tal vez no tenga sentido alguno la enseñanza de la lengua, ni siquiera el diálogo o incluso la discusión. Parafraseando a Unamuno, podríamos decir respecto a la enseñanza de la lengua "que inviertan ellos" (que los castellanohablantes no necesitamos a nadie). Para qué la escuela. Tal vez tenga razón, y la lengua no sirva para nada, al fin y al cabo, cuando un alumno suspende, se ha impuesto el hábito de darle de hostias al profe, y el guaje que siga alimentando su ego, pobrecillo, hasta el próximo noticiero, o la próxima víctima. El chaval sólo expresa sus sentimientos como sabe.

A la mitad del texto escribe Trapiello que "le parece ridículo principalmente el tono de las amonestaciones". Es el único momento en que destaca el tono, al menos "principalmente", algo en lo que servidor podría, quizás, coincidir. Sin embargo, añade a continuación "como si alguien les hubiera encomendado esa labor de policía, todo el día patrullando entre los periódicos..." Al parecer los académicos son todos unos policías inútiles, una especie de talibanes de la lengua. Una peligrosa, grosera y falsa asimilación con la política. De hecho, afeándoles esa actitud, parece reforzar la idea de que a Trapiello le gustaría que se guardaran en sus despachos académicos en lugar de descender a la arena pública. ¿Para qué hablar?,¿hablar para qué?

Andrés tuvo con este artículo el privilegio de decir algo en un semanario de gran tirada, y sin embargo toma la superficie por el fondo del asunto, y se queda con el tono en lugar de atender a su contenido. Por otra parte, ¿no se podría comprender una cierta "agresividad dialéctica" en algunas de aquellas columnas como la vestimenta de una indignación?, ¿no podríamos preguntarnos si no será una justa indignación?, al menos podríamos tratar de entenderla. Pero lo moderno es "entender" al tarado, y juzgar severamente al pedante por oficio por el solo hecho de ser pedante. Parece que se ha impuesto como un tic de nuestro tiempo juzgar la indignación de los académicos como algo malo per se. Al parecer, no es justo indignarse. Usar la expresión "tono apocalíptico" pretende dramatizar "las maneras" para evitar entrar en el tema, asimilar la crítica al aserto panfletario, politizar la lengua evitando toda opinión argumentada. No se entiende qué ejercicio de democracia pretende hacer con esta igualación. Siendo así, no es de extrañar que para algunos el tiro en la nuca sea lo mismo que argumentar (claro, será su expresión sentimental, "lo que se siente se expresa"). La crítica que se hacía en esos dardos no es asimilable a totalitarismo alguno, más bien todo lo contrario, y la actitud savonarolítica está precisamente en el escrito de Trapiello, que no dice nada, que sólo juzga las maneras demagógicamente, aunque tampoco sé si Savonarola merece la comparación, o si solo es pedantería.

Ahora lo moderno es una suerte de anarquía lingüística, aunque luego nos vienen con los Derechos de autor, y entonces les sale la indignación, ¿es indignación?, ¿es justa?

La pecunia por el todo. Por cierto, volviendo a la perspectiva de género, pecunia es de género femenino. Uno de tantos marrones para esta corriente torquemadesca, aunque la pecunia sigue estando a su favor, no en vano demagogia es mujer, perdón, es de género femenino. ¿Es buena o es mala la demagogia?
-Depende
-¿De qué depende?...

martes, 27 de abril de 2010

Sueños de Vetusta

Creo que los fans y disfans de Gabino de Lorenzo, regidor municipal de la heroica, invicta y muy leal ciudad de Oviedo, sabrán apreciar el valor documental e ilustrativo de las diapositivas que dejo aquí, amén de su gran interés erótico-festivo, que diría el Señó Casamayó.

jueves, 22 de abril de 2010

La verdad como construcción (invención)

A estas alturas, creo ya que esa cosita que tengo ahí abajo me ha condicionado. En la temprana adolescencia, recuerdo haber hablado con un amigo sobre eso que hacían los mayores de meter su badajo en campana ajena, y llegamos entonces al acuerdo de que nosotros no íbamos a pasar por ahí, que eso de coger la cosita y extrañarla en otra, nanai de la China. Luego, no sé muy bien ni cuándo ni cómo, lo que queríamos era, precisamente, extrañarla, hacer sonar la campana con el badajo. Pienso en eso del género como construcción, y de los elaborados discursos que realizan sus adalides, como por ejemplo Beatriz Preciado, que en la atalaya de su intelectualidad se esfuerza denodadamente en racionalizar sus deseos. En pro de esos deseos, se adereza de testosterona "porque le sienta bien". Imagino que Bea sentía ya muy tempranito llamadas que no eran las propias de la imposición cultural, y trató de darle coherencia a su cuerpo y a su mente. Elabora entonces un discurso de una rotundidad racionalista que podría compararse a los esfuerzos reestructuralistas de cualquier clase de fundamentalismo. De hecho, la raíz, tanto da que hablemos de Santo Tomás o del mulá Patatín, es la misma, salvando las diferencias. El mulá fundamentalista odia la vida, y por tanto cualquier celebración vital.

En febrero de 1949 Qutb ingresó en el hospital de la Universidad George Washinton para que le extirparan las amígdalas. Allí, una enfermera le escandalizó al enumerar las cualidades que buscaba en un amante. Él ya estaba prevenido contra el comportamiento atrevido de la mujer estadounidense, "que es plenamente consciente de los atractivos de su cuerpo, de su cara, de sus ojos excitantes, sus labios carnosos, sus pechos turgentes, sus nalgas redondas y sus piernas suaves. Lleva colores vivos que despiertan los instintos sexuales prrimarios, no oculta nada y añade una risa incitante y una mirada atrevida". No es difícil imaginar que debió de ser un blanco irresistible para las bromas de tipo sexual.
La Torre Elevada, Laurence Wright. Debate
Late dentro de nosotros un deseo al que necesitamos darle sentido. Unas veces reinventamos nuestro pensamiento tildándolo de construcción cultural, que es una forma de extrañamiento, y entonces nos incorporamos a una vía a la que pronto se apuntan los que ven causa común. Otras preferimos dejar el pensamiento intacto y cambiamos, si nos deja la tecnología, nuestro cuerpo, quitándonos badajos o poniéndolos de plástico. El que ese esfuerzo mental llegue a un punto de reposo, dependerá de la congruencia que nuestro cuerpo tenga con nuestra mente. ¿Un pene de plástico se parece a uno real? No, sí, depende de lo que la mente sea capaz de distorsionar, es decir, de cohesionar. El caso es mentirse, y de aquí mentir a los demás, y acordar que nadie miente, y que se es sincero, y se es como se es. Y decirlo todos juntitos y en voz alta, a poder ser con celebraciones de júbilo o, en su defecto, de rabia. La verdad es, pues, una invención mental.

martes, 20 de abril de 2010

Emily Smith y Mor Karbasi (pedacitos de vida)

Tarde, tenía anotado en un borrador de diciembre de 2009 el siguiente post. Curiosamente, lo tenía completo, no he hecho más que revisarlo soméramente y lo publico ahora, porque me apetecía hacer honor a estas cantantes, y por ende a quienes tuvieron a bien traerlos a través de la Obra Social y Cultural de Cajastur.
Habiendo asistido a un concierto de Emily Smith, voz y piano -Kevin MacGuire, contrabajo. Jamie McClennan, violín y guitarra-, en el que tuve el placer de disfrutar de un paseo de sensaciones y pensamientos tan amalgamados a la vida que no sería justo hablar de felicidad. Qué difícil es encontrar ya esa felicidad ingenua, y ya parece que una cierta melancolía telúrica impregna ya casi cada momento. Para aquellos a los que el mundo musical es plano, la música no debe de ser más que cualquier objeto de consumo, tan prescindible y caduco como el capricho lucrante de los artificieros de la moda, lo que les hace pasar por la superficie de las cosas sin conocer esas cualidades aromáticas que las distingue de una mera novedad.

A Emily Smith tuve el placer enorme de escucharla el miércoles, 9 de diciembre. Pero antes de comentar a la Emily, no puedo más que aprovechar este momento para hablar de Mor Karbasi, que bajo la etiqueta World Music, uno no sabía lo que iba a ofrecer. Pues Música, con mayúsculas. El resultado global de la música de la Karbasi es realmente bonito: canta maravillosamente, y ya es un placer escucharla a capela, que pareciera que con su voz desgarrara el velo de la contención y nos hiciera sentir casi miedo: miedo al beso te que cala, miedo a la sed de amor inaplacable.


Tiene una riqueza con resonancias mediterráneas, crisol de lenguas, sexos y, sí, de espadas, también. Aunque lo que se puede escuchar en la web no le hace justicia a lo que te llega en directo..., dejo algo como ilustrativo de este post.




You tube no le hace justicia a Mor Karbasi, Puedo dar fe de que su directo es magnífico, la emoción bulle en cuanto la vibración de su voz te llega. El aspecto físico de la Karbasi, unido a su adecuada indumentaria, acompaña gozósamente la escenografía, de forma que nuestra atención capte todo ese universo musical como un destilado de una larga tradición que se deja enriquecer de aromas transeúntes a lo largo del tiempo. Así, asistimos a una mezcla de primitivismo y refinamiento que nos hace vivir la modernidad desde raíces arcaicas. De alguna forma, pienso que para disfrutar de la música hace falta tener infancia musical, y no me refiero a la edad. Tal vez mucho del éxito de tanta mala música comercial se deba la ausencia de pasado musical. Quizás, de alguna forma, esta ausencia nos hace parecernos a un androide: sin pasado, malamente programado, "práctico", incongruente, frío, programable en sus gustos -"alienado"-, sin ambición en desarrollar su individualidad (¡ah!, el peligro a la soledad), obsesivamente condicionado por integrarse en la multitud ensordecida que arrampla con todo lo que le hace detenerse del estrépito ¿extático? En este sentido, el aspecto físico de la Karbasi, nos recuerda que la música va de sentimientos, de amores, de penas y alegrías, nos recuerda, en fin, que esta música tiene sexo, sonrisas y lágrimas. No seré original si digo que estas músicas están anegadas de sensualidad, lo que no quiere decir que la falta de ella produzca, necesariamente, mala música.

Podría servir en You Tube el siguiente vídeo como muestra
youtubera de las cualidades vocales de la Karbasi:





No conocía a ninguna, ni a Emily Smith, ni a la Karbasi. Habiéndome llevado tan agradable sorpresa con la segunda, me preocupé de asistir al encuentro de la Emily.

Ambos conciertos resultan variados, por la variaciones instrumentales y temáticas. Emily es un gusto para el alma, y para el cuerpo. Además de cantar con ese punto de emoción que distancia el directo de las grabaciones burocráticas, usa aquí el acordeón, allí el piano o un instrumento de percusión que agitado con la mano rítmicamente da una sensación lindísima de movimiento en algunos temas (en la canción que pongo abajo, Sunset Hymn, lo tiene en la mano, aunque no se percibe apenas su sonido en la grabación). Me recordó a ese chin, chin, chin swingueante que con el platillo de la batería se puede escuchar en muchos temas de jazz.

El uso de un contrabajo, en lugar del bajo eléctrico, le da una resonancia especial. La guitarra acústica tiene un sonido inmejorable, este músico también tocaba el fidle -violín- y el whistle -flauta-, y en todas las ejecuciones ha contribuido a darle nuevos colores, nuevos paisajes emocionales. Tal vez el tema Sunset Hymn (letra) es el que más me gustó, y tengo una sensación, habiéndolo disfrutado en directo, de haberme asido a un pedacito de vida:






Otras veces apetecía salir a bailar:





Pero se puede escuchar por el placer de esuchar... No hace falta ser musicólogo para ver en este folk raíces comunes con el llamado Country and western, y con el country en general de los Estados Unidos de Norteamérica, por no citar otras obviedades.

En la web de Emily pueden escucharse algunos temas.

A veces, mirando atrás, pienso que siempre nos estamos perdiendo en la superficie de la aparente novedad, y por ello, por mi sinceridad con mis propios sentires, por un sentido autocrítico, inconformista, también, siempre he ido hacia atrás, hacia las raíces, sin saber realmente por qué lo hacía. Luego, al regresar, puedo apreciar la verdadera novedad, no la que interesadamente nos tratan de hacer desde afuera. "Están en su derecho", pero si quieres ver más, tienes que indagar dentro de ti, dentro, en suma, de los demás. Demases como la Mor Karbasi, o la Emily Smith.

viernes, 16 de abril de 2010

Tapping guitar

Y yo que pensaba que la técnica del tappin en la guitarra no había ido más allá. Me encuentro entonces con Zack Kim, que hace versiones de diversos temas. Me sorprendió escuchar el Aria de las Variaciones Goldberg utilizando esta técnica y dos guitarras:




Casualmente me encuentro a un niño, Sungha Jung, utilizando esta técnica con una guitarra acústica. Hacia el minuto 2:15 cambia a la técnica normal para, finalmente, volver al tapping.

¡Ah!, los niños, por qué algunos nos darán tan malas noticias. Yo con este me parto de risa, y eso tiene mucho mérito. Hace poco vi un documental que es una dechado de emoción, se titula El Barrio Rojo (Calcuta), y con los niños lloras, y ríes, y lloras... Merece un post aparte.

Aquí dejo a este niño prodigio enfrascado en una versión del popular Canon de Pachelbel:



Pero no me digan que no es para emocionarse con este muchacho. Les recomiendo escucharle en el Moon River de H.Mancini, aunque es un tema triste donde los haya, se agradecen las imágenes. A veces, la vida puede ser hasta buena.

Descubro otro tappinero que se llama Adam Fulara. Dejo a continuación un tema pop que me ha recordado una época, el Just the two of us, de Grover Washington Jr.



Me hacen gracia algunos comentarios, por ejemplo, respecto a una versión de la Variación Goldberg número 18 más bien intrépida:



Adam Fulara responde irónicamente a quien le hace un reproche a su interpretación:

Could you do one little thing for me? If you stay in touch with Johann Sebastian, please ask him how he used vibrato and bends playing clavichord (klawichord). Could you do that for me? Thanks a lot.
O este otro:
Questionable by performing tradition which is created 100 year after Bach's death. Where Bach have used pitch bends playing clavichord - do you know? I don't ;)
En un post de enero de 2009 dejé una versión del Over the rainbow a cargo de Stanley Jordan, el cual, como es sabido, usa de esta técnica del tapping.

jueves, 15 de abril de 2010

Amor patológico


El amor, la maldad, la bondad, es una cuestión de grados. Veo una noticia titulada Condenada por exceso de amor, en la que la madre y los abuelos de un niño son condenados a penas de cárcel por la enfermiza "protección" con que le maltrataron. En ese mundo feliz en el que vivía el niño, imagino que la única opción de vida sería una suerte de alquimia intrauterina que revertiera el proceso de desarrollo hasta volver al gameto minúsculo que, supondría su madre, terminaría sus días a la par que ella.

El niño era fruto de una relación en la que el padre se había separado al poco tiempo de nacer el crío (fíjense que lo único que dice es que él se ha separado de ella, no sabemos detalle alguno, pero nos indica que él es el agente, y ella la paciente). Es ya normal que no se indague sobre este aspecto, y uno se pregunta si ha habido algún interés por tener la custodia del niño o simplemente lo dejó como una cuestión imposible en una cultura sexista que le da a priori la guarda y custodia a la mujer. En todo caso, lo enfermizo de la familia de la madre ya se muestra en que el padre del niño tan solo ha conseguido verlo ¡tres veces en 13 años!, y siempre a escondidas. Cuando se percató de que con siete años era incapaz de andar o de subir las escaleras, decidió llevarlo a los tribunales. Finalmente, nos dice la noticia que el niño "odia a su padre", al que culpa de sacarle de esa situación idílica.

Lo que sí parece claro es que él ha hecho muy bien en "separarse de ella", porque aquello no debía de ser muy alentador, orgasmos aparte.

La felicidad es una cuestión de hábitos, supongo.
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