En una página de fetichismo femenino, el autor habla con una chica y le pregunta, como a todas, qué opina de la atracción o excitación por el pie femenino. La chica piensa "it's not normal". Ella es de un marcado feminismo, con aspecto algo andrógino que el autor de la página asocia, muy brevemente, con el "rechazo sufrido habiendo tenido principios de anorexia". La mujer, que accedió a dejarse fotografiar, tenía los pies algo deformados. Se entiende que según los gustos, habrá hombres a los que les produzca excitación.
La normalidad de un comportamiento es una de las características más difícil de valorar. Por ejemplo, habitualmente se ha considerado a la homosexualidad como algo anormal, como una desviación -claro, de la norma-, y aún hay profesionales de la psiquiatría que lo consideran eso, una anormalidad. A medida que la sociedad cambia, le teoría psiquiátrica se va modificando para adaptarse a la nueva situación, de igual forma que la teoría considera normal que una mujer desarrolle una vida profesional con los mismos derechos que un hombre y con libertad de acción en lo familiar mientras que, en tiempos no tan remotos, una mujer que se dirigiese por ese camino sería no muy normal. En general, se asumía que se trata de una mujer rarita que, no obstante, mientras realice acciones con aceptación social, no se estigmatizaba demasiado.
Podría decirse que hay deseos, y que estos son o no normales en función del entorno social. Hoy día se va extendiendo el deseo de formar una pareja homosexual y, al mismo tiempo, tener hijos, formando un matrimonio. El aumento del número de deseantes conllevó la aceptación del deseo como normal. En esta tesitura cabría preguntarse qué es normal y qué es anormal. Todos sabemos que depende del tipo de sociedad, pero todas tienen como fin necesario el mantenimiento de una población que perpetúe el ciclo de vida de ésta. Para ello es necesario el trabajo conjunto de la sociedad y su procreación. Economía y demografía. Supongamos que en un grupo social el ochenta y cinco por ciento de sus habitantes fueran homosexuales (masculinos o femeninos): en estas cicunstancias, la procreación se vería claramente comprometida, habría que hacer algo por puro mantenimiento, por pura supervivencia del grupo. Actualmente, la baja natalidad de los países desarrollados que cuenta, sin embargo, con grandes recursos económicos, frente a la elevada natalidad de países con escaso desarrollo, permite un movimiento de población que compensa la forma tradicional de mantener o desarrollar la población al ritmo adecuado. Entonces, claramente se observa que el patrón de normalidad está en las necesidades sociales. Lo que va en contra de éstas es anormal. Por ejemplo, un matrimonio homosexual es, por así decirlo, un auténtico lujo. De hecho sólo es posible si existe una fuente barata de niños para poder mantener la población. El matrimonio homosexual es, pues, una adaptación del deseo de una parte de los ricos a una sociedad que, por necesidades socio-económicas, puede satisfacer la demanda por esta vía. En una sociedad pobre, la homosexualidad es reprimida en mayor o menor grado, porque ese comportamiento iría en contra del bien común fundamental, que es el mantenimiento de la población.
Actualmente, en nuestra sociedad "occidental", la homosexualidad no se considera algo anormal, pero esto es así porque no se compromete el mantenimiento del grupo social al que pertenece. Incluso se puede considerar que es un bien que beneficia a los productores de niños en países pobres, a pesar de lo cual se considere escandaloso el fenómeno de las adopciones ilegales, ésta no es más que la forma de tratar de satisfacer una demanda de niños, es decir, de satisfacer el deseo de parejas homosexuales y parejas que no puedan tener hijos por razones biológicas. Los productores necesitan dinero, los pagadores necesitan niños. El resto de la población del grupo se mueve entre la indiferencia, tratada como "tolerancia" y, en menor grado, la oposición desde determinados presupuestos ideológicos, religiosos, morales. En medio estaría la inconsciencia, aunque habrá quien vea falsa conciencia.
Claramente se observa que es la infraestructura económica la que sustenta la aceptación de un deseo como bueno o como malo. O, si se prefiere, como normal o anormal.
Por cierto, comenzaba por un ejemplo fetichista. ¿Es normal la excitación a través de partes o prendas del cuerpo no necesariamente ligadas a la sexualidad? En un país subdesarrollado lo importante es que haya natalidad, por lo tanto, que haya excitación sexual que permita la reproducción en cierta medida. Con tal de mantener la natalidad, cualquier forma de excitarse puede considerarse normal. Que un número de machos elevado, incluso mayoritario, se exciten por una u otra vía, es normal siempre que ello conlleve suficiente número de relaciones sexuales ligadas a la procreación, aunque sea bajo el voluble señuelo del placer.
En un país desarrollado, los valores se trastocan por completo. El deseo de la sociedad no es ya el sustento de la población, éste es ya un hecho. Un nuevo deseo aparece en escena, puede ser el deseo de formar una familia monoparental, de padres homosexuales, etcétera.
La moral, pues, se sustenta en la necesidad de satisfacer un deseo. Lo que cambia es éste, a medida que se van satisfaciendo otros más perentorios. La forma de satisfacer el deseo es aceptada siempre que cumpla el fin social. Por eso, cuando se acepta en nuestra sociedad el deseo homosexual como equivalente al deseo matrimonial de nuestra tradición, estamos en realidad aceptando y adaptándonos de forma totalmente conservadora al estatus económico global. No hace más que perpetuar el ciclo de adaptación de un mercado de satisfacción de necesidades. Llámenle, si quieren, un efecto más de la globalización.
Mientras la moral tenga como sustento la necesidad del grupo, ésta siempre será adaptada a las nuevas situaciones, perpetuando no sólo su propio mantenimiento, sino el mantenimiento de los proveedores subdesarrollados. Para decirlo más claro: sin guerras por petróleo sería imposible mantener una sociedad que se afana en considerar bueno todo lo que satisface sus deseos, los cuales, cambian -en calidad y en cantidad- a medida que se van satisfaciendo. La inquietante conclusión es que no se puede ser progresista, en el sentido en que cierta autodenominada "izquierda" se considera a sí misma, oponiéndose a un tiempo a una política bushiana, imperialista, depredadora y al mismo tiempo hacer campaña pro derechos de homosexuales y pro derechos de cualquier grupo social que, por el mero hecho de desear algo pareciera que ya tiene base moral para sustentarlo. Defiéndanse esos derechos, pero defiendan, también, las políticas más "imperialistas", explotando los recursos naturales ilimitadamente, ahora que tanto se habla del calentamiento global y otras especies medioambientales.
No es casualidad que en un sistema esclavista, como el griego o el romano de la antigüedad tuviera gran aceptación la homosexualidad: el mantenimiento económico y democráfico se sustentaba en una política de guerra y esclavismo. Los esclavos eran, por así decir, el petróleo de ahora.Fuente: apunte casi literal de 30 de octubre de 2007, a raíz de no sé qué cosas que tal vez se deducen.
PD: Tal vez podría ilustrar este post con la imagen de sendas ministras publicitando la "píldora del día después", sin receta y sin límites de edad... Buena contribución a todo el trasiego de niños-mercancía del Tercer Mundo al Primero. Por aquí se tiran a la basura los proyectos natales, por allá nos los venden. Todo muy progresista. Ellas, sendas ministras esplendorosas de sonrisa beatífica y acomodada.
PD: Es claro que en la depredación de recursos energéticos podría incluirse la depredación infantil.
lunes, 11 de mayo de 2009
De lo normal y lo anormal: la ley del deseo
viernes, 1 de mayo de 2009
La tolerancia no es tolerancia no es tolerancia
En una organización humana -empresa, administración, partido político, asociación...- hay individuos que con vías a canalizar sus pulsiones de dominación o de propio interés, pasan por donde sea. En muchos casos, imbuidos de una buena dosis de inteligencia social, usan del interés ajeno, del egoísmo e insolidaridad de los demás, o de la simple cobardía, para abordar a una víctima por la que pudieran sentir, por ejemplo, atracción sexual (si ustedes quieren incluso "amor"). La víctima, pudiera ser que fuese difícil, esto es, una hembra con una buena dosis de integridad, con carácter y dispuesta a defender lo justo, y no lo que sería acostumbrado. Dadas las características del acosador, su lugar en la organización y la impagable ayuda de beneficiados por la situación, entre las que puede haber hembras que, puede ser, envidien a la víctima, e incluso le recomienden ceder, en lugar de su empecinada resistencia al acoso. Una juntura de eso que modernamente se ha bautizado con el nombre de mobbing y el acoso sexual más o menos enmascarado -tengamos en cuenta que, además, el psicópata pudiera estar casado, tener hijos, etc.-. Quiero decir con esto que todo mal causado por personas y mantenido en el tiempo tiene una incardinación en el grupo social. Sin éste, el psicópata no puede dar rienda suelta a sus pulsiones, y buscará otra salida o algún lugar en el que concentrar su energía destructiva o degradante, que lo que le hace sentirse especial.
Individuos egocéntricos, sin escrúpulos ni interés por el otro (piensen en psicópatas históricos, y verán que sin un grupo de apoyo no podrían haber hecho nada), que siempre necesitan colaboracionistas, voluntarios o como ustedes los quieran llamar -y entre los que ustedes se pudieran encontrar, claro (carraspeen...)-. Todos estamos, pues, implicados, por acción u omisión, y el silencio, el mirar para otro lado, el "no querer meterse en líos", la cobardía y el egoísmo en suma, o dicho en lenguaje actual, la tolerancia, nos sitúa como parte del sistema planetario del psicópata, que ocupa el lugar de un sol sobre el que gira toda la acción. Amplíen ustedes el círculo de esas organizaciones a toda la sociedad, vista como el conjunto totalizador, y verán que no tomar partido supone cooperar, formar parte de la ejecución del mal. Nos sitúa como cooperantes frente a la víctima, que estará cada vez más aislada y hundida.
Visto así, las estructuras legales de esta Sociedad son consecuencia natural de una herencia de pastores que saben que, efectivamente, todos somos parte. Por supuesto, ellos en la cúspide de la pirámide alimenticia, claro.
Agreguen ustedes cuán similar pudiera ser el patrón de personalidad psicopática con el del triunfador social, y podrán ir incluso más allá y ver, en una perspectiva darwinista, cómo los que quedan, los reyes, los jefes de la tribu serán, justamente, los que exterminaron al resto de, para ellos, competidores, que por lógica elemental se quedarán fuera.
No me engañen: el destilado que queda procede de lo más inconfesable, y por eso cuenta con tanta colaboración muda, sierva de su amo.
Individuos egocéntricos, sin escrúpulos ni interés por el otro (piensen en psicópatas históricos, y verán que sin un grupo de apoyo no podrían haber hecho nada), que siempre necesitan colaboracionistas, voluntarios o como ustedes los quieran llamar -y entre los que ustedes se pudieran encontrar, claro (carraspeen...)-. Todos estamos, pues, implicados, por acción u omisión, y el silencio, el mirar para otro lado, el "no querer meterse en líos", la cobardía y el egoísmo en suma, o dicho en lenguaje actual, la tolerancia, nos sitúa como parte del sistema planetario del psicópata, que ocupa el lugar de un sol sobre el que gira toda la acción. Amplíen ustedes el círculo de esas organizaciones a toda la sociedad, vista como el conjunto totalizador, y verán que no tomar partido supone cooperar, formar parte de la ejecución del mal. Nos sitúa como cooperantes frente a la víctima, que estará cada vez más aislada y hundida.
Visto así, las estructuras legales de esta Sociedad son consecuencia natural de una herencia de pastores que saben que, efectivamente, todos somos parte. Por supuesto, ellos en la cúspide de la pirámide alimenticia, claro.
Agreguen ustedes cuán similar pudiera ser el patrón de personalidad psicopática con el del triunfador social, y podrán ir incluso más allá y ver, en una perspectiva darwinista, cómo los que quedan, los reyes, los jefes de la tribu serán, justamente, los que exterminaron al resto de, para ellos, competidores, que por lógica elemental se quedarán fuera.
No me engañen: el destilado que queda procede de lo más inconfesable, y por eso cuenta con tanta colaboración muda, sierva de su amo.
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viernes, 24 de abril de 2009
Beatería psicosocial
Iba a dar cuenta del artículo que David Torres publica en El Mundo Del asesinato considerado como chapuza. No lo hice en su momento, y lo dejo aquí ahora. Aunque está relacionado con masacres especialmente "absurdas", puesto que no hay forma de encontrarle un móvil, una explicación "racional", lo cierto es que el sustrato siempre es la libertad. Podrían haberse pegado un tiro cada cual, sin terminar con nadie, pero acaso eso implicaría en sus cabezas una imaginería mucho menos atractiva o, como tanto se utiliza ahora, fascinante. Hay quien busca la inmortalidad, y tal vez para la mediocridad más cobarde, más miserable e indigna, sea ese un medio de hacerlo, una forma de "pasar a la historia".
Por demás, creo que David se explica perfectamente, ¿no?
Por demás, creo que David se explica perfectamente, ¿no?
Después de las masacres que tiñeron de sangre el mismo día Winnenden y Samson, los psicólogos y los aprendices de psicólogo se apresuran a sacar su manual de la señorita Pepis para firmar sus pronósticos infalibles con varios cadáveres de retraso. No fallan porque son pronósticos a tiro hecho, es decir, pintan el blanco justo donde ha dado la bala. Suelen decirnos que el tiroteo estaba cantado, que el asesino novato vivía bajo una tremenda presión, que se sentía solitario y aislado, que sólo era cuestión de tiempo el que saliera a la calle y se pusiera a pegar tiros, etcétera.
O bien, que la sociedad actual genera este tipo de comportamientos, que la violencia en los medios audiovisuales exaspera las tendencias homicidas, que la facilidad con que pueden conseguirse armas de fuego, que los videojuegos, etcétera.
Paparruchas. Hay millones de chavales jugando a reventar zombis en internet y a ninguno se le ocurre cambiar la pantalla por la realidad. Hay millones de estudiantes tímidos y solitarios que no pasan al siguiente curso y a ninguno se le ocurre descargar su frustración a través del cañón de una pistola. Hay millones de chavales que se tragan cada fin de semana varios metros de celuloide ensangrentado (hoy día, rara es la película que no saca, por lo menos, un arma de fuego) y a ninguno se le ocurre salir a la calle a hacer el Tarantino.
La triste verdad es que la inmensa mayoría de jóvenes que repiten punto por punto el perfil de McLendon en Samson y el de Kretschmer en Winnenden seguirán acumulando ira, fracasos y complejos de inferioridad toda su mediocre vida sin que un buen día se les crucen los cables y, ya puestos, decidan cruzar la raya. Por suerte o por desgracia, no hay ninguna señal previa que delate a un asesino de masas.
Dicho de otro modo, Kretschmer y McLendon no eran androides programados para matar por culpa de unos genes defectuosos, un carácter introvertido o una intolerable presión social. Eran seres humanos que podían elegir y eligieron mal. De hecho, eligieron el mal. Anthony Burgess ya escribió a fondo sobre el tema en La naranja mecánica, donde descubrimos que el mal es, precisamente, la posibilidad de elegir, el demonio en términos teológicos, la médula misma de la libertad. McLendon descargó su furia contra su propia familia y Kretschmer contra sus compañeros de clase.Dos noticias leídas una y mil veces: ambos fueron mediocres hasta en el modo escogido para que sus nombres pasaran a los turbios anales del asesinato considerado como chapuza.
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miércoles, 15 de abril de 2009
El mar, el amor y el mar y el amor...
«Había querido hablar del mar, y podía haber dicho algo como esto:
"Fue el mar, más que ninguna otra cosa, quien hizo que empezara a pensar en secreto acerca del amor. Un amor, ya sabes, por el que valga la pena morir, o un amor que te consuma. El mar, para un hombre encerrado todo el tiempo en un barco de acero, es algo muy parecido a una mujer. Le son familiares sus tormentas y sus calmas, o sus caprichos, o la belleza de un seno al reflejar el sol poniente. Y más aun: estás en un barco que monta el mar y lo cabalga, y al que sin embargo el mar constantemente se resiste. Es el viejo proverbio acerca de las millas y millas de agua maravillosa donde, sin embargo, no puedes apagar tu sed. La naturaleza rodea al marino con todos estos elementos, tan parecidos a una mujer, de los que pese a todo está tan apartado como pueda estarlo un hombre del cuerpo cálido y vivo de una hembra. Y ahí es donde el problema empieza, ahí mismo, estoy seguro".Pero alcanzó sólo a recitar un par de líneas de la canción: "Ahora mi hogar es el mar: así lo he decidido. Pero también debo dejar caer una lágrima...".
—Curioso ¿verdad? Es mi canción preferida.
—Es una canción maravillosa -dijo ella. Pero él sabía que era sólo un intento de dejar a salvo su orgullo. Aunque ella pretendía conocer bien la canción, era obvio que la acababa de oír por primera vez entonces.
Ella no puede penetrar los profundos sentimientos de una canción como ésta; ni ver a través del muro de sombras de mi naturaleza de hombre el anhelo que a veces me hace llorar. Muy bien: entonces, en lo que a mí concierne, no es sino un cuerpo más.
Le bastó una mirada para darse cuenta de cuán delicado y fragante era aquel cuerpo. »
Fuente: El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima
Para el curioso, aunque despistado, dejo Beyond de Sea, que es una versión jazzíztica del mismo tema en inglés (no es una traducción, más bien una adaptación cantada por George Benson.
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domingo, 29 de marzo de 2009
Confluencias tardías
Recuerdo con nitidez la primera vez que escuché el álbum doble vinilo Agartha, de Miles Davis. Veo en una reseña muy acertada de Miquel Codina sobre este álbum que fue el primer disco de esa etapa editado en España. En aquella época, yo no sabía muy bien lo que era o dejaba de ser la música de jazz. Tenía un nombre más o menos mítico -Miles Davis-, y me encontré con una grabación que en una primera escucha me dejó desconcertado. Lo escuché a oscuras, en el dormitorio, encerrado y aislado del mundo, enfrentado a las emociones suscitadas por aquella grabación, realizada en vivo en Osaka, Japón, el 1 de febrero de 1975. En la cubierta aparecía una leyenda en letras pequeñitas en la que sugería que para apreciar los matices de la grabación, se escuchara a un volumen muy alto. Estaba bastante oculta, hay que mirar con mucha atención —y voltear la cubierta— para verla. Curioseando, entre los músicos estaba un tal Sonny Fortune, a la flauta y al saxo. También recuerdo haberlo escuchado repetidamente, obsesivamente, con la sensación de estar captando parte de un todo al que no llegaba. Creo recordar que la cara 3 -es decir, la primera del segundo LP- es la que me hizo exclamar de emoción -emociones que aún me resultaban novedosas-. Todo esto debía suceder a finales de los setenta.
Dejo como ilustración el segundo tema del doble LP, titulado Maiysha. Aparece sin solución de continuidad seguido del primero (que dura más de 30 minutos, ocupando éste toda la cara A y la mitad de la cara B del primer LP) . El flautista es Sonny Fortune, claro. Creo que es un tema incluso bailable -pero no sólo-, psicodélico, muy de aquellos años, pero al mismo tiempo representa una temática que para mí te hace viajar por diversos paisajes emocionales. Eso creo que es el concierto, un viaje.
(para los despistados, la trompeta de Miles comienza el solo en el minuto 5.52..., y seguirá tocando bastante tiempo)
Hasta el concierto de Sonny Fortune del 4 de febrero de 2009 en el Centro Cajastur de oviedo, no había tenido noticia de este músico. De hecho, cuando días antes me enteré de que tocaba, miré a ver si se trataba del mismo Sonny. Tras ver la formación que le acompañaba, intuí que era un lujo de concierto en el que, con toda seguridad, el sonido fusión y "eléctrico" del álbum Agartha, no estaría en absoluto presente. Pensé que iba a ser un concierto de jazz "puro y duro".
Cuando escuchaba y conocía en aquellos años el álbum de Miles Davis, yo no sabía gran cosa de lo que era el jazz, tampoco tenía conocimiento de que hubiera en este planeta una chica algo mayor que yo, que se llamara Isabel Uría, y con la que tuviera tantos puntos en común... Tiempo después se lo diría: "¿Cómo es que no nos habíamos conocido antes?" Fue un pensamiento compartido.
Curiosamente, en los tiempos en que la conocí, hace unos pocos años, yo estaba haciendo un curso relacionado con su profesión en medios audiovisuales. Otra confluencia.
Dos o tres días antes del concierto me preguntó si iría. Le dije que sí, y también que tenía que bajar de un local de su casa unos discos vinilos, entre ellos el Agartha de Miles Davis. Por esos días, coincidiendo con la memoria que me suscitaba Sonny Fortune, tenía casi obsesión por volver a escucharlo —en especial esa tercera cara—, pero circunstancialmente lo tenía ella en un garaje suyo, entre otro montón de vinilos míos que ahí siguen. No podría imaginar el funesto destino que le tenía reservado la semana siguiente... Ni remotamente podría imaginar que cuando Isabel se volvió, estando ambos solos en la sala ya, hacia Sonny para decir ese "¡Muy bien, muy bien..., very good!", el destino podría fijar una encrucijada semejante: un álbum fronterizo en mi adolescencia, un músico que, casualmente, estaba en aquella grabación, y que sonrió agradecido a las calurosas y sinceras palabras de Isabel, y tan solo seis días después de esa confluencia cósmica terminaría en una tragedia irremediable que quiero asumir, pero la memoria de emociones e imágenes, sonrisas y lágrimas, me impide consumar en mis velos y mis desvelos.
Ayer, 28 de marzo de 2009, sería el 49 cumpleaños de Isabel, que no le dejaron cumplir. Escuché al dúo de guitarras Joaquín Chacón y Marco Martínez en el Swing. Tocaron, entre otros, el estandar There will never be another you -tema, según la Wikipedia, del musical de 1942 Iceland-. Un título que bien puede recordarla, porque sin duda alguna, mi siempre querida Isabel Uría, nunca habrá otra como tú.
"Tendré miles de sueños, pero aunque se hagan realidad, nunca habrá otra como tú."
La verdad es que la versión que menté en otro post de Lester Young con Óscar Peterson, cd que había comprado ella, me parece de las más bonitas, aunque tristona. Por ello no la incluyo aquí ahora.
Me ha resultado difícil encontrar una versión cantada de este tema. Dejo una de Chet Baker, con lo que disfrutamos de su trompeta. Con una versión tan estilo West Coast, tiene la ventaja de que también la canta, lo que encaja para este post. Son canciones románticas, incluso ñoñas, para una angloparlante. Los no nativos podemos dejar que la imaginación vuele sobre la literalidad de las palabras y disfrutar, según creo, más que un angloparlante..., por la mayor evocación. En cierto modo, para nosotros, el mensaje es más musical, más poético. Nótese que a pesar de lo nostálgico, la letra tiene un tono positivo: sigue viviendo, sigue conociendo a personas nuevas, más canciones, más sueños...
There will never be another you (Harry Warren, Mack Gordon)Al final su tono de voz me recuerda el de ¡Caetano Veloso!... ¿Puede ser?
There will be many other nights like this, And I'll be standing here with someone new. There will be other songs to sing, Another fall...another spring... But there will never be another you. There will be other lips that I may kiss, But they won't thrill me, Like yours used to do. Yes, I may dream a million dreams, But how can they come true, If there will never, ever be another you?
(trompeta)
Yes, I may dream a million dreams, But how can they come true, If there will never, ever be... Another you?
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martes, 24 de marzo de 2009
Los letrados: Directores de cine
Los letrados encargados de la defensa aparecen como los directores de una película. Cuentan con un guión de lo sucedido proporcionado por el acusado, sus secuaces y sus consejeros. Además, vía remuneración, aparecerán especialistas que avalen la verosimilitud de esa historia. Mientras pueda mantenerse un guión, o como diría el abogado, "una línea de defensa", el proceso se puede seguir, siempre basándose, claro está, en lo lucrante de la actividad. Cuanta más resonancia tenga el caso, más publicidad para el letrado, más lucro presente y futuro.El problema con el caso de Marta del Castillo, en que ya son dos los abogados que rechazan seguir defendiendo a Miguel C. D. parecería, visto de forma superficial, como una suerte de moralidad de los letrados. Nada más lejos de la realidad. Por muy claro que tenga su defensor la culpabilidad del acusado -y hablamos de asesinato-, siempre tratará de hacer prevalecer la veracidad de esa historia. Pero Miguel cambia continuamente su versión, no hay forma de que los actores se ajusten a un guión o "línea de defensa". En esta tesitura, la defensa declina continuar.
Sí, los defensores son auténticos directores de una historia. Necesitan un buen guión (es decir, creíble), la colaboración de sus actores, entre los que se encuentran "científicos" que, pagados por el acusado y adláteres, proporcionarán cuanto pueda ser útil para darles realismo (y ocultarán lo que se lo quite).
¿Quién financia todo esto? : la víctima.
¿Quien se lucra?: abogados, procuradores, psiquiatras... Al final del camino, tal vez, el (presunto) asesino. Es lo único que importa ya, por lo visto.
¡Gran trabajo!
Foto superior: de Eddie Adams. El jefe de la policía de Saigón asesina a un preso del Vietcong el 1 de febrero de 1968. Como es sabido, se trataba de un preso que está con las manos atadas a la espalda.
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jueves, 5 de marzo de 2009
Marta Gómez: luz, vida, belleza, amor.

-¿Tú crees que estoy loco?Ayer, miércoles 4 de marzo, fui a una actuación de Marta Gómez. Venía enmarcada bajo el título de Música de autor, y apenas investigué que era de Colombia, lugar que inevitablemente me produce resonancias especiales. Llegué un poco tarde, 15 o 20 minutos, así que tuve que, franqueando a dos amables azafatas, esperar a que terminara un tema para, durante los aplausos, entrar. Antes de hacerlo me decía una de ellas que "estaba muy bien". Me encontré con una voz latina, que cantaba muy bien en directo -¡pero muy muy bien, ¿eh?-. Me gustó la luz de su voz, colombiana para más señas, aunque residente en Nueva York. Pensé que había algo especial en esas voces. En vivo sabe dar variedad, por ejemplo en una canción cantó acompañada únicamente por la batería. Entre cada canción decía algunas palabras sobre el tema, lo que la había inspirado. En no sé que medio que le enviaron en un email se encontró cubriendo una especie de formulario que le enviaron con fórmulas más o menos astrológicas que le darían su sentimiento característico. Explicaba que en su perfil le salió un sentimiento nostálgico, melancólico, y que cada persona tenía asociado un árbol, que en su caso resultó ser el sauce llorón. Recordé que en un post anterior dije que me hizo gracia que Irene Shams se molestara en presentar un tema tan conocido como el Willow Weep For Me -bueno, la verdad es que más bien recordó a su autor, y en general el público agradecemos, creo, algunas palabras-. Fijense en el título (willow, la palabra inglesa que designa al árbol que aquí llamamos "sauce llorón"), en inglés da el juego de palabras que, en horrísona traducción literal, sería
-No, no estás loco..., estás solo.
-Estoy solo porque estoy loco, o estoy loco porque estoy solo.
"Sauce (llorón), llora para mí".Al final resultó ser un grupo muy siglo XXI: una chica rusa a la flauta travesera, un bajo y un baterista de la Argentina, un multiinstrumentista (charango, violín, kena...) de Ecuador, y la propia Marta Gómez de Colombia.
En las circunstancias en que fui, encontrarme con la luz de una voz latina me dio que pensar, es decir, me dio que sentir. La "escenografía" es muy buena -vaya, que sabe narrar un concierto, no es cuestión de efectos técnicos-, así que si musicalmente merece, visualmente convence. Por razones personales he tenido algún problema de concentración en las letras, la música debe ir por otro canal, aparte de que siempre hay que soportar alguna aburrida oyente que estuvo durante varios temas diciéndole a su compañera que si se iban ya... Ni comen, ni dejan comer.
Esto me trae a colación que anteayer vi con toda la atención que merece la película Las uvas de la ira, complicada de ver para mí porque trabajaba Henry Fonda, y eso me trae muy directamente a mi querida Isabel, incluso un recuerdo material relacionado que iba a devolverle estos días y que por vagancia demoré.Siguiendo con Marta Gómez, me gustó la luz de su música, merece la pena escucharla en vivo. Créanme, las grabaciones sólo muestran un ápice. Veo que hoy, jueves, 5 de marzo, va a cantar en Gijón. Espero que sea tan bonito como el de ayer. Igual hasta me acerco, aunque vaya día que hace hoy. La tristeza de la vida con Marta Gómez se vuelve luminosa, resulta como ese río que fluye de la vida... Sí, creo que voy a obligarme a ir, llueva o nieve, quiero ver luz, quiero oírla y verla. Necesito su luz.
(Un primer párrafo Sobre la "tolerancia")
El caso es que al comienzo de esta película había justo a mi derecha dos señoras con su parloteo inacabable que me hacían presagiar lo peor (en realidad estos parloteos suelen ser monólogos...). Afortunadamente, delante de la señora había un hombre de mediana edad, de complexión más bien robusta, que sin cortarse un pelo giró atrás la cabeza y dijo con voz contundente "¿va a seguir así todo el tiempo o...?" La mujer, una señora mayor, se cortó y se calló durante toda la película... Me pasó por la cabeza decirle al oído al hombre "¡gracias!", también pensé en dárselas tras la película -aunque la mujer me dio lástima, también...-, pero dadas las circustancias antedichas, al final de lo que menos me acordaba era del señor y de todo esto.
Una película que es mucho más que recomendable, y por la que parece no haber pasado el tiempo. En un texto sobre la película decían que la novela de Steinbeck había envejecido peor que la película. No lo sé, pero la película es, para mí, excelente, y resulta actual en todos los sentidos, si uno se para a pensar un poquito en que la pobreza, las pateras, las emigraciones e inmigraciones, la corrupción, la integridad, la amistad, la política..., en fin, sigue y segurá siendo de actualidad para toda persona medianamente sensible, aunque a los sensibleros tal vez les lleguen sólo otras cuestiones.
Resulta conmovedora la escena en la que, viajando con el dinero justo en busca de trabajo, paran en una bar a ver si les vendían algo de pan. Una señora, desabridamente, les dice que eso no es una panadería, que el pan que tienen es para sandwiches, y que si lo desean, ahí están. El señor les dice que es para la abuela, que tiene que ser pan de molde por la dentadura, y que sólo tienen 10 centavos, que lo tienen todo justo para el viaje... La señora le dice que lo que tienen cuesta 15 centavos. A todo esto un par de camioneros en la barra del bar viendo la situación. El dueño del negocio le dice a la mujer que les dé el pan que piden. Ella dice que lo necesitan para los sandwiches. El dueño -se sobre entiende que es el marido- insiste terminantemente. La señora les planta el bloque de pan encima del mostrador repitiendo que son 15 centavos. El señor le dice que si le puede cortar 10 centavos. El dueño le dice que se lo dé, el hombre insiste en llevar 10 centavos, le contesta que es pan de ayer, que se lo lleve todo por 10 centavos. En todo momento el señor está acompañado por dos niñas. Paga en caja los diez centavos y al lado tienen chucherías, caramelos. Le pregunta a la señora, que sigue con su coraza endurecida, que cuánto cuestan los caramelos. La señora se queda dudando, mira a los niños, todo contado con unas imágenes nada sentimentalizadas, puro cine -nada que ver con la sensiblería ñoña de Qué bello es vivir de Capra, ¡por favor!-. Le dice que cuestan un centavo. El hombre le dice que le dé dos. Los niños -un niño y una niña- los cogen felices. Cuando se van, un camionero de dice a la mujer, antes de pagar su consumición, que por qué les dijo que costaban 1 centavo si costaban cinco. Ella les contesta en el mismo tono desabrido que es su negocio... Los camioneros pagan la consumición y, cuando la dueña les va a dar la vuelta, salen apresurádamente dejándole la vuelta...
Y por si no quedara claro: aunque trata de la dureza, de la miseria, no se regodea en absoluto en la desgracia, la cuenta, la narra, pero resulta incluso tratada con cierto sentido del humor ya desde el principio.
Por supuesto, lo conmovedor resulta ya desde el principio.
"-¿Tú crees que estoy loco?
-No, no estás loco..., estás solo.
-Estoy solo porque estoy loco, o estoy loco porque estoy solo."
Según veo Qué bello es vivir, de Capra, es de 1946. Las uvas de la ira, de John Ford, es de 1940. Sin desdeñar aciertos y bondades de la primera, tengo claro que esa no la veré más -la vi hace pocos meses-, pero sí recomiendo una visión de la segunda sin prejuicios modernistas, viéndola como lo que es, una historia contada magistralmente, la primera no pasa, para mí, en absoluto el paso del tiempo -ni alguna otra-. Esta segunda sí...
Al final el hombre le dice a la mujer, que es la fortaleza de la familia, que si no fuera por ella, él no habría podido. Ella le dice que los hombres vamos a golpes, que las mujeres van como un río, hay cascadas y salientes, pero la vida fluye como un río... Termina así.
Por algún comentario al salir, me pareció que alguna gente no se centró tanto en la historia como mereciera, y que la vio muy prejuiciadamente. De hecho, el ciclo se llama Adolescentes en la pantalla, y el comentario que hacían dos jóvenes, imagino que universitarios, si es que esto significa algo, era que no veían qué tenía la película en relación al título del ciclo. A mí me importó un bledo ese detalle, y vi una gran película de 1940. Fue en versión subtitulada. Cada loco con su tema.
Dejo una canción, porque alguien la subió, titulada Paula Ausente (insisto: no se conformen con las grabaciones), si tienen ocasión, véanla y oiganla en vivo. Es mucho más. Es pura vida.
No me resisto a dejar a continuación una de mis canciones más emotivas. Aprovecho que Estragón la subió, y no me molesto en hacerlo. Mercedes Sosa canta Como la cigarra, sobre un texto de Maria Elena Walsh. Nunca supe muy bien por qué exactamente me toca tanto la fibra sensible esta canción. O me la tocaba, no sé ahora.
Y eso que ahora mismo no es la que más me apetece escuchar.
Por favor, que nadie piense que la música de Marta Gómez le va a dar tristeza, porque no. Es luz, es vida, es amor.
Marta Gómez: ¡Guapa!
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