
El problema con el caso de Marta del Castillo, en que ya son dos los abogados que rechazan seguir defendiendo a Miguel C. D. parecería, visto de forma superficial, como una suerte de moralidad de los letrados. Nada más lejos de la realidad. Por muy claro que tenga su defensor la culpabilidad del acusado -y hablamos de asesinato-, siempre tratará de hacer prevalecer la veracidad de esa historia. Pero Miguel cambia continuamente su versión, no hay forma de que los actores se ajusten a un guión o "línea de defensa". En esta tesitura, la defensa declina continuar.
Sí, los defensores son auténticos directores de una historia. Necesitan un buen guión (es decir, creíble), la colaboración de sus actores, entre los que se encuentran "científicos" que, pagados por el acusado y adláteres, proporcionarán cuanto pueda ser útil para darles realismo (y ocultarán lo que se lo quite).
¿Quién financia todo esto? : la víctima.
¿Quien se lucra?: abogados, procuradores, psiquiatras... Al final del camino, tal vez, el (presunto) asesino. Es lo único que importa ya, por lo visto.
¡Gran trabajo!
Foto superior: de Eddie Adams. El jefe de la policía de Saigón asesina a un preso del Vietcong el 1 de febrero de 1968. Como es sabido, se trataba de un preso que está con las manos atadas a la espalda.
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