domingo, 1 de marzo de 2009

La Tensión del Sentido de la propiedad y el relax de Back to the Land


Cuando llegué al Swing el sábado 28, como de costumbre, busco un lugar en el que poder sentarme tranquilamente, aunque sea tras una columna que me impide ver a los músicos. Lo habitual es encontrar más o menos sitio libre -a veces no-. O mejor dicho, ocupado por chaquetas, etcétera. Este sábado me acerqué al lugar que suelo ocupar, había una chaqueta encima, y le pregunté a la pareja que estaba al lado si podía sentarme en ese lugar. Siempre me encuentro con la misma situación: miran desconcertados, como si tuvieran todo el derecho del mundo a ocupar los asientos en exclusiva, como si uno fuera un impertinente. No suelo dejar mucho opción: con toda la educación del mundo doy por hecho que tengo derecho a ocupar un sitio, dentro de un contexto en el que hay espacio suficiente. Entonces la chica me dice que la chaqueta no es de ellos. Ésta estaba en el extremo. Más allá había una esquina en la que hay sitio para sentarse, pero la gente la utiliza para dejar sus chaquetas, etcétera. Al parecer estos objetos exigen mucho espacio, no se les puede comprimir, son algo así como sólidos ideales perfectos. Dentrás mío aparece el dueño de la chaqueta, que yo ya había tomado para colgar en una silla plegada mientras buscaba su posible dueño. No tuvo mayor problema y me dijo que la dejará allá -en la esquina-. Me siento en su lugar. Estoy pegado al hombre de la pareja. Un tipo con aspecto de tener carácter -pero lo dudo-, más alto que yo. El tipo me dice que si me puedo poner más allá, ellos sin desplazarse lo más mínimo -tenían espacio de sobra hacia la esquina-. Le digo que estoy al límite, que si hacen el favor de desplazarse ellos. La chica me hace una mención a que la otra parte está ocupada por las chaquetas. Les digo -en todo momento muy educado aunque serio- "creo que tengo derecho a sentarme, ¿no?, hay espacio hacia allá". Consigo que se desplacen lo suficiente como para que no nos toquemos. Y me dejo llevar por la música. Al cabo de un rato, unos pocos temas, deciden irse. Percibí algo de tensión en el hombre -que es el que estaba más cerca de mí-, pero me centré más en la música, y en la situación inevitable de que tanto ese día como el anterior Isabel hubiera disfrutado también.

Resulta turbador la facilidad con que las personas buscan problemas cuando ocurre..., lo que ocurre.

Recordé un día en que dejé el coche en una plazoleta pública, un aparcamiento de uso público delante de una iglesia pequeña. Iba a comprar unas cosas en un supermercado y cuando volví al coche, en medio, impidiendo el acceso a cualquier vehículo que intentara entrar o salir, había un auto con una pareja y un hombre de mediana edad charlando. Tras colocar mis cosas en el auto, les digo que si por favor pueden dejarme salir. Los del auto miran desconcertados, como si estuviera pidiendo algo fuera de lugar. Veo que van a hacerlo, y al tiempo oigo al hombre, que recuerdo que tenía barba, "no hagáis caso, no hagáis caso". Me quedé de piedra. Tras un titubeo en el que les digo que si no apartan el vehículo no puedo salir, acceden a apartar el auto. Al pasar con el coche, con un cabreo impresionante, conteniéndome, le digo desde el puesto del conductor al barbas que si pasaba algo. Me contestó con no recuerdo qué gesto desconcertado -porque me veía cabreado- y chulesco, y muy alterado le dije "¡¿es tuyo el coche?!", contestó algo así como "parecido", mostrando un gesto de desprecio mientras apartaba la mirada a un lado, y la mujer de la pareja me dijo algo así como "salga, salga" haciendo gestos con la mano cual guarda de tráfico.
No alcanzo a comprender estas situaciones. La primera se basa en que todos queremos tener nuestro espacio vital. Comprensible, pero de ahí a que no dejes ocupar asientos en una actuación en público. Recuerdo haberles dicho que eso no era una sala de conciertos, que no eran butacas pagadas. Por otra parte, se quedaron dos chicas y un chico que estaban con ellos -comprobé luego-. Con estos no tuve ningún problema.

La noche anterior, del viernes, había dos chicas, una de las cuales hablaba hasta por los codos, de "economista", de "tesina", de no sé cuántas cosas más sobre conocidos, amistades o lo que fueran. Mientras, Marco Martínez Quartet tocando maravillosamente. Las chicas -al menos a la que hablaba tanto- mostraron cierta turbación porque ocupase mi sitio -en absoluto ocupando su espacio vital-, simplemente pedí permiso por cortesía. Cuando llegó más gente buscando un hueco, la parladora misma sugirió a la otra con una mirada cómplice que si se iban... Afortunadamente se fueron.

¿Pero no es un lugar público? No entiendo el acendrado sentido de la propiedad que tienen muchas personas sobre cosas públicas. De todas formas, hay que decir que no todo conflicto, cortesía, Count Basie, cura, Dizzy Gillespie, Isabel Uria, Mickey Rocker, párroco, Ray Brown, Sentido de la propiedad, el mundo es así, y por supuesto hay de todo, claro.

Por otra parte, siempre que veo actitudes así pienso, también, en personas reprimidas...
El barbas que jaleaba a la pareja para que no apartara el coche que obstaculizaba la salida resultó ser, según comprobé por casualidad días después, ¡el párroco de la Iglesia!...
Voy a dejar un tema tranquilo -pero intenso-, dado que el tema de este post habla de la tensión artificial que crean gentes que lo único que tienen de "educadas" son determinados gestos más menos característicos de pijos. Hum.


Count Basie al piano, Dizzy Gillespie tocando la trompeta de una forma nada usual en él, a la batería de Mickey Rocker y al contrabajo Ray Brown en una versión que yo mismo pasé de un vinilo hace algunos años. La grabación original creo que es de finales de los setenta. Un vinilo que Isabel me hubiera devuelto en su semana trágica... La imagen superior corresponde a la portada de la versión cd que se puede ver en la web. Tonalidad aparte, es la misma imagen.

Con Isabel Uría II y el Swing Jazz en Oviedo. Marco Martínez Quartet

Este viernes, 27, y el sábado, 28, he disfrutado de Marco Martínez (guitarra) y su trío acompañante, Satxa Soriazu (piano), Horacio García (contrabajo) y Diego Hernando (batería).

Qué puedo decir de Marco Martínez: que hace Música. No toca escalas, no hace ejercicios de técnica, sino que expresa, con inspiración. Su guitarra trae resonancias del mejor jazz. Tal vez Wes Montgomery fue una de las fuentes que me parecieron más claras en los primeros momentos de escucha, pero no es en absoluto un mero reproductor, tampoco se confunde con él -como podría ocurrir en algunas grabaciones de George Benson, por ejemplo-, y vienen otras, a medida que lo escuchas. Todo desde un buen gusto, incluso la ordenación de temas, en los que pasa por ritmos latinos, baladas deliciosas que me recuerdan Polka Dots and Moon Beam (yo pensé allí que tocaban esta balada, tanto el viernes como el sábado, pero dudo, porque me falla la memoria y porque casi nunca entiendo los títulos que dicen, y creo recordar que dijeron otro título. No importa, la siguiente ilustra un tema lírico, lento, que creo que es bueno intercalar en las sesiones musicales).

Ahora mismo estaba escuchando a Marco Martínez a través de lo que tiene en su Space. Coloco Polka Dots and Moonbeams de la mano de Wes Montgomery..., ummm..., ya no es el uso de octavas característico de Wes..., es que lo de Wes era mucho. Creo que sólo se puede uno empapar de él y llevarlo como una de las fuentes. Marco lleva a Wes..., y afortunadamente no se dedica a reproducirlo. Escuchando ahora a Wes lo veo tan genuino, tan profundo, que sería un error tratar de hacerlo. Como otros grandes, tenía la cualidad de que cada vez que lo escuchas, es mejor de lo que lo puedas imaginar...



Como tengo conectado con un cable el ordenador al ampli..., puedo caer en el error de, escuchando a Wes con buen sonido, seguir hablando de él... Me tengo que contener.

Es una sensanción muy extraña estar en el Swing escuchando una música tan deliciosa como hace este grupo. Yo calado de una tristeza profunda -ahora mismo he roto a llorar inesperadamente-, sintiendo a Isabel Uría allí, pensando que perderse eso era perder la vida que a ella tanto le gustaba. El sábado cantó una chica que tengo que indagar el nombre en la dirección de my space que da Marco, sin duda se trataba de Irene Shams. Y continué con esa mezcla de de gozo de la música y, al tiempo, la constancia de que Isabel no estaba allí. No, no me expreso bien: no podría estar allí. Irene tiene una voz muy bonita, más bien grave, con naturalidad se deja llevar por el scat y usa de su instrumento vocal al modo de un instrumentista. Me resultó gracioso que se molestase en presentar la canción Willow Weep for me. La emulación entre instrumentos -incluyo el instrumento vocal, pues- siempre ha formado parte esencial del jazz, y una de las fuentes de inspiración y desarrollo -Paco de Lucía decía, por otra parte, que él siempre quiso cantar...- Recuerdo que el pianista Earl Hines decía que comenzó tocando la trompeta, pero "como le dolía detrás de las orejas, se pasó al piano..." Earl Hines, que ahora que lo pienso no se prodiga mucho o nada en la web, siendo uno de los músicos que me hicieron enamorarme perdidamente de este género..., o de este universo musical -muchas ediciones cd estropean algo de la esencia de Earl Hines..., espero que haya mejorado ya y se recupere su toque-. Se le consideraba el pianista que trasladó el arte que Louis Armstrong hacía con su trompeta al piano. El jazz es una música lúbrica y sentimental en su esencia, por sus venas fluye sagre negro africana, pero inseminada en madres que las nutren desde la pachamama universal.

La primera canción que cantó Irene Shams era bailable, e imaginé a mi querida Isabel Uría saliendo a bailar. En alguna ocasión me dijo que el baile podría ser su profesión frustrada, añadiendo que también en aquellos tiempos nada sabíamos de qué hacer y por dónde ir. Difícil era para aquella generación saber las posibilidades reales que uno tenía, salvo que tuvieras una circunstancias privilegiadas.

Yo voy a dejar aquí, ahora, una pequeña foto de Isabel de chiquitita (un recorte de la original). La tengo escaneada, y hay una característica que me contaba con humor: "fíjate que tengo el brazo cambiado". Ella está en primer plano. Fue una actuación en una Caja de Ahorros. No tengo la fecha.

Así que me introduzco en el local del Swing con la única idea de escuchar buena música. Con una mezcla rara de temor a encontrarme con conocidos, con una turbadora sensación de que estoy solo y acompañado a un tiempo y sin dejar de pensar las cosas más bonitas que le hubiera gustado vivir, que eran las más sencillas.

Isabel estaba en los últimos tiempos indagando mucho en la música de jazz, supongo que se me nota tanto mi amor por este arte, que se produce una suerte de contagio. Últimamente me decía que le gustaba mucho un disco que había comprado con Lester Young y Oscar Peterson. Creo recordar que era ese disco porque me lo había puesto un poco en su casa y le dije que me gustaba y que no lo conocía. Entre nuestros asuntos pendientes estaba el de que me lo dejara. No tuve prisa, y ya no podré tener el recuerdo directamente de ella.

Isabel no iba de "exquisita", pero buscaba lo bello. Como era una niña noble hasta el tuétano, no tuvo reparo en decirme, con cierta risible extrañeza para sí misma, en sus, quien lo habría de pensar, últimos días, que le gustaba lo último de Rosario Flores. No tuve tiempo de comprobar a qué canción se refería, si es que se refería a una canción, o tal vez a varias. Tuve la extraña sensación de que me estaba diciendo algo a mí.

Viniendo el domingo 15 de febrero, cinco días después de que le quitasen la vida, hubo un momento que conecté unos buenos auriculares que llevaba conmigo al conector del autobús, y entre otras sonó una canción de esta chica titulada Algo contigo. Pensé si sería esa la canción, si sería ese el disco que le gustaba. En la canción oía:

(...) Quiero vivir, yo quiero vivir, saber por qué te vas amor. Te vas amor, pero te quedas porque formas parte de mi, y en mi casa y en mi alma hay un sitio para ti. Sé que mañana, al despertar, no hallaré a quien hallaba y en su sitio habrá un vacío grande y mudo como el alma. Algo de mí, algo de mí, algo de mí se va muriendo. Quiero vivir, yo quiero vivir, saber por qué te vas amor. Te vas amor, te vas amor...

Y cuando me habló de que le gustaba lo último de esa cantante, me quedé pensando en que tenía que escucharlo como algo personal, como un canal de comunicación.

En el viaje llevaba en un reproductor mp3 varios temas por si me apetecía escuchar. Los había incluido sin pensarlo mucho y apresurado. Uno de ellos era There Will Never Be Another You, con Lester Young y Óscar Peterson. Pero este tema no lo pude escuchar más que un instante, fue un error llevarlo en estar circunstancias, me destrozaba el corazón Pensé que tenía que enfrentarme a él más adelante, y me dio miedo a no poder hacerlo nunca.

Para ilustrar este post, iba a dejar a continuación el tema, pero pienso ahora que no me ha dado tiempo a decirle a Isabel que a Lester Young le encantaba bailar. Por esta razón, dejo a continuación un tema de ese disco que muestra esto que no tuve tiempo a decirle, el tema es (Back Home Again in) Indiana:




El tema tiene swing a raudales. A pesar de ser una grabación de 1952, en las que había una gran pérdida en el sonido de los platillos de la batería... La guitarra de Barney Kessel, ya que este post empezó con Marco Martínez, gran guitarrista para mí, me parece una gozada. No está nada mal el sonido que consiguieron de grabaciones de esos años los técnicos de sonido, y los que hiceron la toma original demuestran mucho amor a su labor.

[Lester Young (saxo tenor), Oscar Peterson (piano), Barney Kessel (guitarra), Ray Brown (contrabajo), J.C. Heard (batería).Verve, 1952]




martes, 17 de febrero de 2009

A mi querida Isabel Uría Uría, que nos dejó hace una semana

La trágica pérdida de mi querida Isabel Uría Uría en su propia casa de Oviedo, me ha dejado sumido en el dolor. Poco a poco voy asumiendo el hecho, que no sus causas ni sus recovecos, y me siento en el deber de darle vida, vida buena, vida feliz. Tengo una foto escaneada de un periódico que ella tenía guardada con cariño: Isabel está colocándole un micrófono a Ryszard Capucinski. Fue en el recibimiento en el Hotel de La Reconquista en el 2003, con motivo del Premio de Comunicación y Humanidades. Ella me comentaba la sencillez de Ryszard, lo que le había gustado conocerlo y fue en su librería en la que curioseé Ébano, en el que, entre otros, le había impresionado la forma en que relata la escena que cuenta cuando se encontró aprisionando una cobra... Realmente lo cuenta de una forma espléndida, y coincidí con ella en la fuerza de la narración.

En enero publiqué un extracto de El Imperio, de Ryszard Capuscinski, en que narra la historia de Komitás, el músico armenio.

Además, el post anterior mentaba que había acudido a un concierto de Sonny Fortune, aunque luego decliné tratarlo. Ese concierto lo vi con Isabel, que me vio pasar en la fila y hábilmente me colocó a su vera. A ella también le gustó el concierto. Al final nos quedamos los últimos en salir, e Isa se volvió de forma característica en ella y le dijo a Sonny, que estaba recogiendo los instrumentos, "¡muy bien, muy bien!..., ¡very good!", y me sale una sonrisa pensando en su forma de dar buenas vibraciones a Sonny, que lo agradeció. Era una espontaneidad natural en ella. Tuve ocasión de verla feliz, y un momento feliz de Isabel era algo para celebrar, porque toda el tablero conjuraba en su contra, y aún queda la jugada póstuma...

Quiero recordarla, y no dejarla en una triste noticia de sucesos: Necesito revivirla positivamente, y dejo otra foto que le hice en su propio hogar a mi querida Isabel el 15 de febrero de 2006. Supongo que no sé cómo aliviar el dolor que siento. Isabel cumpliría 49 años el 28 de marzo.

(Para limitar un uso torticero de la imagen, un mes después del post original, he decidido dejar una foto reducida. Ahora un click muestra una foto mejor, pero no la original)


PD: gracias Lil por ayudarme a aliviar esta pérdida irreparable este finde en Madrid. En Arco he conseguido desconectar por momentos y hasta reírme..., como recordarás, aunque hubo otros muchos momentos que no podía con mi dolor. Así como durante el viaje, todo él me ha servido para llorar hasta el vacío. Aunque lamentablemente aún se sigue llenando el buche de tristeza que creo romperá ahora en minutos.

jueves, 5 de febrero de 2009

Birland y recuerdos del ayer


A raíz de un bello concierto de Sonny Fortune (saxo tenor y flauta), Óscar Turienzo (piano), Miguel Ángel Chastang (contrabajo) y Juanma Barroso (batería) tal que ayer mismamente, miércoles 4 de febrero, y tras una interpretación maravillosa del Sophisticated Lady, que no sé por qué suerte de concordancias me hizo volver a casa mezclando determinada versión del Wave de A. C. Jobim y del Misty, de Errol Garner, iba a dejar un post relacionado. Parece que la coyuntura personal, que se dice, oséase mi estado mental o espiritual, como lo quieran llamar, no favorece que me meta en los entresijos de los temas citados, y me encuentro de sopetón con una música que, allá muy a finales de los setenta o principios de los ochenta, se utilizaba de sintonía de un programa de la televisión regional. Recuerdo que estaba dando a conocer algunos de mis "descubrimientos" musicales a un amigo y llegó la sintonía por no sé hueco que me hizo exclamar "¡me gusta este tema!", dicho así, como sugiriendo que me resultaba de mucho gustirrinín, y que me apetecía bailar y me daba ánimos, aunque no tanto como para buscarlo ni ir más allá. Mi amigo entonces me dijo que era de un grupo que, descubro ahora, no tenía nada que ver con el real: Weather Report. El tema resulta ser uno llamado Birland:






Lo que se escuchaba en la sintonía era lo que se puede oír a partir del minuto dos y poquito más allá, aunque desde el principio se está insinuando la melodía mientras esa batería tan
swingueante invita a seguir el ritmo.

Es para mi un grato recuerdo del ayer, sencillo de publicar ahora, y que me sirve para notar que este grupo, a raíz del LP Black Market, fue uno de los responsables de que me fuese deslizando poco a poco desde una música "rock" -decían- a una más "jazz-rock". Aunque este no fue un proceso consciente ni calculado. ¡Incauto de mí!: yo no sabía de sus consecuencias.

La imagen que inicia este post corresponde a la portada de aquel disco de Weather Report: siempre me gustó ese Mercado africano, un poquito naif . Aclaro que el tema Birland no pertenece a ese álbum.

lunes, 2 de febrero de 2009

Tiempo y Amor

Un click en la siguiente imagen permitirá leer el texto: deduzco que Clint Eastwood tenía unas grabaciones antiguas en disco y que, tras los pertinentes trámites legales, las utilizó en la película. ¡Gracias Clint!
Cuando vi la película Los puentes de Madison, recuerdo que me quedé sorprendido porque sonaban algunos temas de un cantante con una voz muy grave, que por un momento pensé en un vinilo reproducido a menos rpm de las que les correspondía. En algún momento se ve un plano de un disco reproduciendo, y ellos bailando en la intimidad. "Qué canciones más bonitas; me pregunto, cuanta gente apreciará la enorme belleza de esas baladas", pensé. No se me ocurría nadie que cantara así. Además, tenía ese acompañamiento tan genuínamente jazzístico, en el caso de For All We Know, piano, contrabajo, batería, trompeta (con sordina) y saxo tenor. En It was almost like a song es dúo de guitarra y voz. Bellísima. Pasado un tiempo me regalaron el disco. En él vi que, además de las conocidas canciones de Dinah Washinton que incluye (Blue Gardenia y Soft Winds) estaban las canciones de un tal Johnny Hartman. Según la ortodoxia, se le puede considerar un "cantante maldito"... En otro post podría, tal vez, dar mi opinión sobre eso. Estoy escuchando ahora It was almost like a song, sólo con voz y guitarra, y me sigue pareciendo tan bella como triste. Pero es que un amor imposible es muy triste... O I See Your Face Before Me, que comienza con guitarra y voz sola..., tal vez la más bonita. ... "But, if you could see the magic..." Esa forma de utilizar alguna resonancia..., la dicción "It doesn't matter... I close my eyes, and there you are"..., madre mía: está colgado en una nube de concentrado lírico. Como alguien la subió a goear, no me molesto en hacerlo, y la incluyo aquí:
I See Your Face Before Me (Howard Dietz - Arthur Schwartz)



El equivalente tonal de la voz de Johnny Hartman sería el de Sarah Vaughan, ambos tenían esas voces graves, cada cual correspondiente a su género. Más, para otro post.

Por otra parte pensé en que la canción que incluyo aquí podría parangonarse en cuanto al tema y la intención con la canción que cantaba Lucho Gatica Reloj no marques las horas. Por representar dos polos de una misma intención, una desde una visión netamente jazzística, y con una voz barítona; la otra de índole latina, toda una orquesta detrás, con arpa incluida, y voz de tenor... Al final se ve también un efecto eco. Está más trabajada en estudio.

Sólo queda un instante para terminar..., se tienen que separar. El amor los atrae, pero hay algo que lo impide... Y el tiempo es un dolor en ambas canciones:



For all we know
(Sam M. Lewis and J. Fred Coots)

For all we know
We may never meet again
Before you go
Make this moment sweet again

We won't say goodnight
Until the last minute
I'll hold out my hand
And my heart will be in it

For all we know
This may only be a dream
We come and we go
Like the ripple on a stream

So love me, tonight
Tomorrow was made for some
Tomorrow may never come
For all we know

[saxo tenor]

For all we know
This be only be a dream
We can and we go
Like de riples on street

So love, love me tonight
Tomorrow was made for some
Tomorrow may never come
For all we know
Tomorrow may never come
For all we Know

Reloj no marques las horas (Lucho Gatica)


Reloj no marques las horas
Porque voy a enloquecer
Ella se irá para siempre
Cuando amanezca otra vez

Nomás nos queda esta noche
Para vivir nuestro amor
Y tu tic-tac me recuerda
Mi irremediable dolor

Reloj detén tu camino
Porque mi vida se apaga
Ella es la estrella
Que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada

Detén el tiempo en tus manos
Haz esta noche perpetua
Para que nunca se vaya de mí
Para que nunca amanezca


Esencia de Blues



M
e gusta este vídeo, sus caras, la música, el blues. Oscar Peterson a la izquierda -¡tocando lentamente!, para nuestro gozo- y el pianista más minimalista que conozco: Count Basie. El contrabajo se oye con nitidez, N.H.O.Pedersen, y el baterista parece Shelly Manne.

Que hable la música:

miércoles, 28 de enero de 2009

Over the rainbow


Over the Rainbow

Qué cosas, estaba mirando algo sobre Somewhere Over the Rainbow... de El mago de Oz (1939), música de Harold Arlen, y me encuentro con una versión de marca Nora Jones:




Quedo pasmado: es un plagio bastante descarado de la del cantante hawaiano Israel Kamakawiwole (1959-1997):



La del malogrado Israel es lo que hay: voz y ukelele... Ni panoplias, ni ecos, ni cortinas de humo... Lamentablemente, tampoco su enorme peso era de mentira, y se terminó su grande humanidad... No recordarán los negociantes bajo la rúbrica Nora Jones su deuda... "Es lo que hay", dirán. Ya ya :(.

"Imagina un mundo en que figurasen en los créditos de los discos, grabaciones, entrevistas, etc., agradecimientos a tal o cual músico, escritor, etc. Lo mismo que se ve en muchos libros al publicarse, sería como caminar sobre el arco iris, ver algunas muestras de gratitud a tal o cual versión, músico...
-¡O no!.
-No."
Al final de la película Los siete magníficos, se puede leer en los créditos, en letras chiquititas y cuando ya todo el mundo se fue del cine, que está basada en Los siete samuráis, de Akira Kurosawa... Mirado así, qué más da que se muestre, ¿no? Pues ni con esas. Nos quieren en las tinieblas."

Voy a buscar una versión instrumental por Stanley Jordan (guitarra), grabada en vivo en 1990 (Tokyo), y la subo para ustedes. Como experimento, la he adaptado un poco a la web, elevando el volumen medio a costa de disminuir el rango dinámico (es decir, en el original, los piano son más piano... ¡Pero no se acustumbren, ¿eh?!).



Hacía mucho que no la escuchaba. Cuando lo hago pongo el empli a buen volumen -lo siento por los vecinos-, y me dejo llevar por no sé qué sueños de intimidad. Lo suelo escuchar varias veces seguidas. Como todas las músicas, tiene su momento. Déjense llevar, no por el primer momento, más por el segundo, y el tercero...

Y si no les toca, quién sabe, tal vez otro día caminen sobre el arco iris.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.